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Enseñanzas Semanales

Enseñanza 14, ciclo 15

La Oración según Juan Casiano

John Main encontró confirmación a su forma de meditar en los Capítulos 9 y 10 sobre la oración de la obra “Conferencias”, de Juan Casiano. En sus escritos, Casiano destaca la insistencia de los ermitaños del desierto en la repetición de una frase para avanzar en la “oración continua“… “Todo monje que anhele la conciencia de Dios debería tener el hábito de meditar con la repetición incesante de esta frase (fórmula) en su corazón, después de haber expulsado todo tipo de pensamiento, porque no podrá aferrarse a la conciencia de Dios de ninguna otra manera que no sea liberándose de todos los cuidados y preocupaciones corporales».

La «fórmula» que recomienda aparece en el salmo 69. Es una frase conocida por todo monje gracias al canto diario de los salmos: «Oh Dios, inclínate en mi ayuda; Oh señor, date prisa en socorrerme». Su repetición se ve principalmente como una ayuda para lidiar con los pensamientos que nos distraen en el momento de la oración. Casiano, sin embargo, va más allá: “Deberías meditar constantemente en este versículo en tu corazón … No debes dejar de repetirlo cuando estás haciendo cualquier tipo de trabajo o de servicio o estás de viaje. Medita en ello mientras duermes y comes y mientras atiendes las necesidades básicas de la naturaleza”. 

Casiano entiende esta repetición de la frase de oración como una etapa preparatoria importante, una forma de entrenar la mente para lograr una atención única y sin esfuerzo. También Evagrio lo enfatiza al decir: «Cuando la atención busca la oración, la encuentra». Fue una forma de lograr “la perseverancia constante e ininterrumpida en la oración”. 

La repetición de la frase de oración es una herramienta de defensa contra todo tipo de distracciones que nos invaden: “pensamientos errantes”, demonios como “la tristeza” o “la acedia”, y sensaciones o imágenes. Lo llama «una coraza impenetrable», un «escudo muy fuerte». 

Como San Antonio, Casiano recomienda combinar la oración con el trabajo como la mejor defensa: “Ora sin cesar quien combina la oración con los quehaceres diarios y los quehaceres con la oración”. Casiano ve esta integración como un proceso esencial para la oración «pura» que genera «una tranquilidad mental constante e inmutable». Se refiere a María como el gran ejemplo de lo que se necesita en la oración: es decir, la cualidad de fijar el corazón y la mente en Dios en una atención amorosa y concentrada. (Lucas 10, 38-42). 

Además, describe la repetición de una frase breve como una forma de lograr la “pobreza de espíritu” conociendo tu necesidad de Dios: “Que la mente se aferre sin cesar a esta fórmula … hasta que renuncie y rechace toda la abundancia del pensamiento … Así, estrechada por la pobreza de este verso, alcanzará muy fácilmente esa bienaventuranza evangélica que ocupa el primer lugar entre las demás bienaventuranzas … Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. 

Aunque pone énfasis en esta forma de oración, en la «IX Conferencia» explica que todo tipo de oración, súplica, oraciones, intercesiones y acciones de gracia son válidas, útiles y necesarias en un momento u otro. Pero para él, la forma más elevada de oración es la oración «ardiente», «sin palabras», cuando la mente «derrama ante Dios oraciones sin palabras del más puro vigor». Cita a San Antonio: “El monje que sabe que está rezando no está rezando pero el monje que no sabe que está rezando, está rezando”. 

Para Casiano, esta oración interior es la esencia de la oración, tal como el describe en su interpretación de la enseñanza de Jesús en el evangelio de Mateo 6, 6: “Oramos en nuestra habitación cuando retiramos nuestro corazón completamente del estruendo de cada pensamiento y preocupación y revelamos nuestras oraciones al Señor en secreto y, por así decirlo, íntimamente. Rezamos con la puerta cerrada cuando lo hacemos con los labios cerrados y así, en total silencio, rezamos al buscador no de voces sino de corazones”. 

Aunque Casiano recomienda la repetición de una frase en particular en la oración, no debemos subestimar la importancia que las Escrituras tienen para él. Casiano, al igual que los ermitaños del desierto, memorizó pasajes de las Escrituras para permitir que éstas le hablen de manera significativa: “Mientras nos esforzamos con la repetición constante para memorizar estas lecturas, no tenemos tiempo para entenderlas porque nuestras mentes han sido ocupadas. Pero más tarde, cuando nos liberamos de las atracciones de todo lo que hacemos y vemos y, especialmente, cuando meditamos en silencio durante las horas de oscuridad, pensamos en ellas y las entendemos con mayor claridad» (Conferencia 14.10). Esto es pura lectio divina. 

John Main en su libro “Una Palabra Hecha Silencio” dice lo siguiente sobre «la fórmula», sobre el mantra … «No hay duda de la exigencia absoluta del mantra. En esencia, es nuestra aceptación del carácter absoluto del amor de Dios que inunda nuestro corazón a través del Espíritu de Jesús resucitado. Nuestra muerte (al dejar atrás el yo o el ego) consiste en la implacable sencillez del mantra y la absoluta renuncia al pensamiento y al lenguaje en el momento de nuestra meditación”. 

Por lo tanto, vemos claramente cómo John Main, Casiano y los Padres y Madres del Desierto comparten lo esencial de la oración contemplativa: atención y desapego, silencio y soledad, oración incesante … “Perseverancia en la oración … tanto como lo permita la fragilidad humana”, … oración sin imágenes … todo conduciendo hacia la «pureza de corazón» y hacia la «pobreza de espíritu».

Kim Nataraja

(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España

Lecturas Semanales

Lectura 13, ciclo 5

“El Camino de la Iluminación”, extracto del libro de John Main “Sed de sentido y profundidad” edición de Peter Ng (Singapur: Medio Media, 2007), págs. 188-189. Todos somos conscientes de que en nuestro mundo existe mucha oscuridad. A diario, escuchamos noticias sobre terribles injusticias y conflictos y sobre actos de violencia, de odio, de envidias y de codicia. Vemos que estas sombras están en el ser humano tanto a nivel personal como a nivel colectivo. Todos nosotros somos conscientes de la oscuridad que hay dentro de nosotros mismos … Cuando comenzamos a meditar, vamos comprendiendo que no podemos entrar en la experiencia del silencio con sólo una parte de nuestro ser. Todo lo que somos, la totalidad de nuestro ser debe estar involucrado. Es decir que cada parte de nuestro ser debe abrirse a la luz y llegar a ella. No meditamos sólo para desarrollar nuestra dimensión o capacidad religiosa. En el hombre o la mujer verdaderamente espirituales todas sus dimensiones están en armonía. La meditación no es el proceso mediante el cual intentamos ver la luz. La meditación es el proceso mediante el cual salimos a la luz y comenzamos a ver la realidad completa. Empezamos a verlo todo por el poder de la luz. Y vemos que, como nos dice Jesús, el poder de la luz es el amor. La prueba de nuestro progreso en la meditación es saber en qué medida somos capaces de ver a los demás y ver todo a la luz de Dios. Ver la vida iluminada por la luz del amor también nos hace amar a todos. No juzgar, no rechazar sino ver a todos y a toda la creación desde esta luz que debemos descubrir en nuestro propio corazón.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España  
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 13, ciclo 5

¿Solo o en Comunidad?

Juan Casiano sentía una gran admiración por Evagrio. De hecho, era el maestro al que más veneraba entre los Padres y Madres del Desierto. En su libro “Conferencias” podemos comprobar que no sólo recibió las enseñanzas de Evagrio sino que también escuchó las de otros Abbas del desierto. Sin embargo, fue Evagrio al que más agradecido estaba por sus pensamientos.

Casiano básicamente amplió las ideas expresadas en las breves frases de Evagrio. Apenas hay diferencias en el énfasis y en los consejos que expone. En sus escritos, Casiano tuvo la precaución de no mencionar ni a Orígenes ni a Evagrio, aunque la influencia de los dos maestros queda impregnada en su pensamiento. Estos dos maestros estaban bajo sospecha y fueron excluidos oficialmente por el Concilio Ecuménico convocado por el emperador Justiniano en el siglo VI.

La principal obra de Casiano, “Conferencias”, contiene una descripción exhaustiva del camino de la oración del desierto, el camino para llegar a la “pureza de corazón” y entrar así en el “Reino de Dios”: “El fin último de nuestra misión es el Reino de Dios o el Reino de los Cielos, pero la meta intermedia es la pureza de corazón». Los capítulos de sus Conferencias describen el camino hacia la pureza de corazón y, además, subrayan la importancia de la adquisición de la virtud suprema de la prudencia, el don espiritual de reconocer si los pensamientos y las acciones provienen del ego o de la intuición divina.

Estas conferencias se inspiraron en situaciones del desierto; los discípulos se sentaban en silencio, a los pies de los Abbas y las Ammas para escucharlos, y éstos les hablaban de sus propias experiencias de oración profunda. La enseñanza procedía no solo de escuchar a los Ancianos sino también de observar sus comportamientos, ya que la verdad de sus enseñanzas era confirmada en sus acciones.

Juan Casiano era un verdadero buscador de espiritualidad. Trataba de responder a las eternas preguntas del ser humano sobre el significado y el propósito de la vida y de la relación entre el mundo que vemos con nuestros sentidos y la Realidad Última de la que se origina. Su principal pensamiento procedía de las palabras de Jesús: “De las cosas de abajo vienen ustedes; de las cosas de arriba vengo yo. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo «. (Juan, 23 24). Casiano trató de encontrar formas de acceder a esta realidad Divina de las «cosas de arriba».

Como hicieron los ermitaños del desierto, Casiano enfatizaba en sus enseñanzas la necesidad de purificar las emociones y de alcanzar un crecimiento moral que conduzca a la pureza del corazón, a entrar en la presencia de Cristo: “Mirar con ojos completamente purificados a la divinidad es posible pero sólo para aquellos que se elevan por encima de las obras y pensamientos terrenales y que se retiran con Él a la montaña de la soledad. Cuando se liberan del tumulto de las ideas y pasiones mundanas, cuando se liberan de la esclavitud de los vicios, cuando han alcanzado las alturas sublimes de la fe plenamente pura y de la virtud excelsa, la divinidad les da a conocer la gloria del rostro de Cristo y les permite la visión de sus esplendores a aquéllos que son dignos de mirarlo con los ojos purificados del espíritu «. (Conferencia XVI)

La principal razón por la que Casiano fundó los monasterios de Marsella, una vez que tuvo que abandonar el desierto, fue su absoluta convicción de que era muy arriesgado avanzar solo por el camino espiritual. Recordamos el consejo del desierto de «obedecer» a tu Abba o Amma, ya que era muy fácil dejarse engañar por los «demonios», un riesgo implícito de llevar la vida solitaria de un ermitaño. Las experiencias debían ser contrastadas con la sabiduría y la capacidad de discernimiento de los monjes mayores: “Sé de monjes que fracasaron después de mucho trabajo y cayeron en la locura, porque confiaron en su propio trabajo y descuidaron el mandamiento que dice: “Pregúntale a tu padre y él te lo dirá «. (San Antonio)

Casiano sintió con fuerza la necesidad de experimentar primero la vida espiritual en una comunidad, viviendo y practicando una vida regida por las virtudes de estabilidad, pobreza, castidad y obediencia. Sólo después de haberse afianzado en la propia vida de oración, ser un ermitaño podía considerarse una opción válida.

Aunque Casiano se refería específicamente a los monásticos que estaban a su cargo, no creía que este camino fuera el único que conduce a Dios. Estaba convencido de que cualquier persona podía llegar a Dios en su propia vida: “El camino hacia Dios toma muchos caminos. Así que cada uno lleve hasta el final y sin volver atrás el camino que eligió primeramente para que pueda ser perfecto, sin importar cuál sea su profesión” (Conferencia XIII). Incluso llegó a decir: “La persona que en este mundo atiende a los enfermos vale más que el ermitaño que no se preocupa por su prójimo” (Frase 34).

En todo esto, vemos cuánto resuenan los pensamientos de John Main con la enseñanza de Casiano.

Kim Nataraja

(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España

Sabiduría Diaria

Sabiduría Diaria 18.09.2020

Laurence Freeman – Bonnevaux

La amistad espiritual es una parte muy importante del viaje espiritual. Así que, si tienes alguna comprensión del viaje que estás realizando, y si tienes algún apoyo (es por eso que recomiendo los grupos de meditación), puedes continuar. O puedes detenerte, puedes detenerte por unas pocas semanas, algunos meses, algunos años. Luego recuerdas esa viaja hambre de algo más profundo, de algo más simple, de una mayor intimidad con Dios. Esto puede regresar, quizás a través de una crisis, quizás solo como una cuestión de tiempo, y vuelves a meditar. Comienzas de nuevo desde donde dejaste. Para la mayoría de las personas, así es como empezamos. Para mí, ciertamente, fue así. Comienzas, paras, comienzas paras. La razón por la que me llevó tanto tiempo es que no tenía ningún apoyo cuando empecé a meditar por mi cuenta. Es muy difícil hacer esto enteramente solo.

(Mapa del viaje por Laurence Freeman OSB.)

Noticias de la Comunidad, P. Laurence Freeman OSB

Seminario John Main 2020. Online del 19 al 22 de octubre

Explore la sabiduría y la espiritualidad ancestrales para trazar un camino común hacia el futuro.

El Seminario John Main ha sido organizado desde 1984 por la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana en varios países de todo el mundo, convirtiéndose en un evento anual. Fue establecido para honrar la memoria de John Main y su legado para ampliar y profundizar la enseñanza de la meditación cristiana. Los presentadores anteriores incluyeron a Su Santidad el Dalai Lama, el Cardenal Walter Kaspar, la ex presidente de Irlanda Mary McAleese y los contemplativos Cristianos Abad Thomas Keating, el ex arzobispo de Canterbury Rowan Williams, y el Padre Richard Rohr.

El Seminario John Main 2020 tendrá una duración de cuatro días, desde el lunes 19 de octubre a las 2.00 p. m. hasta el jueves 22 de octubre a las 4.00 p.m.

El seminario se llevará a cabo completamente en línea por lo que se sugiere contar con el equipo apropiado y una buena conexión de Internet para tener una experiencia satisfactoria.

Para mayor información e inscripciones haga click aquí:

Destacados conferencistas conducirán este retiro online: