P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes de la primera semana de Cuaresma 2021

Si el entrenamiento espiritual esencial de la vida (ascesis) se encuentra en la meditación, tal y como creía John Main, ¿a qué se debe y cómo funciona?

Si dejamos a un lado el lenguaje religioso para responder a esta pregunta, podemos ver cómo la meditación funciona de forma integral en nuestras vidas. Ningún rincón de la mente o del carácter permanece sin ser tocado, eventualmente, por la ascesis del mantra. Las personas pueden empezar a meditar por razones basadas en su propio interés. Luego se dan cuenta de que es una práctica mucho más relacional de lo que pensaban y los frutos se manifiestan en sus relaciones más de lo que imaginaban.

Las implicaciones de esta idea son enormes para el futuro del mundo, al igual que la idea de que «la meditación crea comunidad». ¿Realmente importa la meditación más allá del meditador individual? ¿Influye en el resultado de Ucrania o de la crisis climática? En comparación con el arte como influencia en el mundo, ¿qué importancia tiene?

El poeta W. H. Auden dijo que «la poesía no hace que ocurra nada: sobrevive en el valle de su creación, donde los ejecutivos nunca querrían manipular». El mundo sigue siendo indiferente a la mejor poesía. Una vez le preguntéa un gran músico si creía que la música nos hacía mejores personas. Pensó por un momento y dijo: «tal vez… al menos durante una hora más o menos después de haberla escuchado».

¿Puede la meditación «hacer que las cosas sucedan» o «hacernos mejores» de un modo que la poesía o el arte no pueden? Sí, porque el arte de la oración es el «arte de las artes». No se limita a cambiarnos. Desencadena un proceso de transformación que se cuela suave e irresistiblemente en cada grieta y rincón de nuestro ser. Esta transformación tan personal y permanente se convierte en una transfiguración. A medida que cambiamos, cambia el entorno en el que habitamos. Nuestras relaciones, nuestro trabajo, cada encuentro fortuito refleja esta influencia de lo interior en el mundo exterior.

Anoche, la teóloga Jane Williams pronunció el primer discurso de nuestra serie de conferencias nocturnas sobre las mujeres místicas como teólogas. Habló intensamente de los prejuicios contra las mujeres que las llevan a ser consideradas como meras «descriptoras de su experiencia personal»: se considera que las mujeres no tienen la capacidad de pensar en profundidad. Ilustró, a través de la obra de tres grandes mujeres místicas, el modo en que eran también profundas pensadoras dentro de su tradición teológica. La Dra. Williams habló de cómo la meditación nos lleva directamente al espacio creado por Dios en el que conocemos su compartirse a sí mismo. Renunciamos al pensamiento y a las imágenes pero intuimos a Dios más de lo que somos conscientes en ese momento. Esta experiencia puede ser interrogada después, pero no durante el momento de la oración en sí.

Esto sugiere cómo la meditación marca la diferencia. No vemos cómo cambia las cosas directamente pero vemos que las cosas cambian y de eso hay que hablar. Esa es la verdadera teología. Discutir sobre ello sacia la sed que el mundo siente hoy en día. En un lugar donde no podemos observar, saboreamos una realidad imprescindible para cambiar la mente colectiva humana. Esto restablece el sentido común de la realidad y la unidad que hemos perdido trágicamente.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de la primera semana de Cuaresma, 2022.

«La verdad es que somos Cristo». ¿Qué significa esto? ¿Qué diferencia supone? ¿Y cómo podemos desarrollar esta visión?

Desafía la autocracia de cualquier universo centrado en el ego. No necesitamos mirar muy lejos hoy en día para ver las consecuencias de la autocracia. Pero en la medida en que cada persona es un microcosmos de la humanidad, podemos ser gobernados por la creencia del ego en su absoluta individualidad. Ver al individuo como un cliente y no como un ciudadano es algo que nos inculca desde la infancia nuestro sistema de competencia y adquisición de riqueza y el consumismo que utiliza para lograrlo.

¿Qué significa ser ciudadano? Somos partes del todo: pero el todo es igualmente parte de nosotros y en esta realidad todos somos diversamente uno. Esta idea inundó las mentes de los primeros cristianos. Si lo que empezaban a entender sobre él era cierto, el mundo, tal y como lo conocían hasta entonces, había cambiado para siempre. En Cristo «no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni amo, ni hombre ni mujer». Todas las distinciones de las que dependen la jerarquía y la autocracia se disuelven «en Cristo».

San Agustín vio esto examinando una línea del Salmo 60: «Te clamé desde los confines de la tierra mientras mi corazón estaba angustiado». Se pregunta si se trata de un individuo que habla. No, dice, ya no es una persona: o más bien es una en el sentido de que Cristo es uno y todos somos sus miembros. Es «esta unidad que somos» la que clama desde los confines de la tierra.

Este es el cambio de percepción que responde a la pregunta del escéptico, «¿cómo puede Dios permitir que todo esto ocurra?». No busques a Dios detrás del computador cósmico. Encuentra a Dios en el grito de los pobres, de los atribulados, de los que se resisten a la tiranía. La presencia de Dios es la gracia que actúa en el barro y el desorden que nos hacemos en las ilusiones de la individualidad.

La Cuaresma es un tiempo para concentrarse en los detalles y en la inmediatez de la calidad espiritual de nuestras vidas, más que en las grandes abstracciones. Basados en esa realidad, podemos ver mejor la gracia en acción, no en el juego geopolítico, sino en cada pequeño acto de bondad que expresa nuestra intuición de que «esta unidad es lo que realmente somos». Incluso cuando nuestras vidas o intereses individuales se ven amenazados, o simplemente atascados en nuestra tristeza, somos milagrosamente capaces de tales actos de bondad que dicen «eres mi pariente».

John Main dijo una vez que la mejor manera de prepararse para la meditación es realizando pequeños actos de bondad en la vida cotidiana. A través de ellos vemos el cuadro completo en el que existimos. 

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la primera semana de Cuaresma 2022.

Y perdónanos nuestras deudas, como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. (Mt 6,7-15)

Será difícil para los ucranianos o para el resto del mundo perdonar a los dirigentes rusos y a sus partidarios. Tenemos que empezar ahora antes de que la fuerza oscura implosione y se destruya a sí misma – y a tantos otros como daños colaterales – como siempre hace. Solo el perdón nacido de la verdadera perspicacia y sabiduría impide o retrasa que esa fuerza se reagrupe. Recuerda cómo el demonio que tentó a Jesús en el desierto lo dejó «para volver a la hora señalada».

El perdón en una mentalidad individualista es prácticamente imposible de lograr. El individuo contra el que se peca queda detenido en un estado de indignación por la injusticia que ha sufrido y se ve a sí mismo principalmente como una víctima. Esto es natural y debe ser tratado con gran comprensión y sensibilidad. Pero es inadecuado e impide la plena curación y el restablecimiento de relaciones sanas. Es la trampa de la cultura de la venganza y alimenta la actitud de «ojo por ojo, diente por diente» ante la vida.

Toda la sabiduría religiosa profunda ve la necesidad de perdonar, la verdad inherente a la cancelación de las deudas. Jesús lo convirtió en el pilar central de su enseñanza moral unificada del amor, que surgió directamente de su conciencia mística. Como todo el mundo, sus discípulos se esfuerzan por aplicar la enseñanza del perdón.

La doctrina del Cuerpo les permite no desistir en el intento y seguir defendiéndola incluso cuando fracasan. En la tradición mística cristiana – que es su alma y fundamento – Cristo no es un maestro externo, colocado en una columna para adorar y admirar. Esa fantasía lo mantiene a una distancia segura e impide que nos toque despiertos.

La verdad es que nosotros somos Cristo.

Vislumbrada, aunque sea a medias, esta verdad reajusta nuestra visión de todo, empezando por nosotros mismos.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Primer domingo de Cuaresma.

Tenía hambre. Lucas 4: 1-13 Jesús es tentado en el desierto

Este es el relato del ayuno de Jesús en el desierto durante cuarenta días como preparación para hacer públicas sus peligrosas enseñanzas. Se muestra en su humanidad. No sólo ayunó, sino que sintió que tenía que ayunar. Y después tuvo hambre.

¿Qué significa ayunar? Más que hacer dieta – aunque podemos esperar que perdamos peso o nos sintamos más en forma después de una práctica de Cuaresma (obteniendo puntuaciones extra en el viaje). Abandonamos o reducimos cosas como el tabaco, el alcohol, el uso de teléfonos inteligentes o la navegación sin sentido por Internet porque vemos que podemos tener una dependencia insana o que estamos en la fase inicial de la adicción. Esto también tiene beneficios secundarios.

Pero la esencia del ayuno es la concentración. Significa entrenar la mente, mantenerla controlada en su «modo de red por defecto». Ese es el término técnico para nuestra mente errante y parece que los humanos pasan casi la mitad de su tiempo pensando o soñando despiertos sobre algo que no está relacionado con lo que están haciendo o con quien están ahora. La mente de mono o la distracción crónica es lo primero que encuentra el meditador.

Una práctica externa, como renunciar a algo o emprender algo nuevo, o una práctica interna diaria, como la meditación, sirve para tratar este problema. De lo contrario, si no se controla, nos separa de todos los niveles de la realidad. Se agrava con el autoaislamiento, como muchos descubrieron durante Covid. Parece que Putin estaba aterrorizado por la infección y se mantuvo en un aislamiento extremo durante los dos últimos años.

Después de su estancia en el desierto, Jesús tenía hambre. Cuando tenemos hambre nos volvemos más débiles y vulnerables. Los sentimientos que normalmente se mantienen bajo control pueden aflorar violentamente y tentarnos a los excesos o a la fantasía. Jesús fue tentado sensual, egocéntrica y espiritualmente. Verle enfrentarse a estas tentaciones típicas de un falso yo y desecharlas nos da la confianza de que nosotros podemos hacer lo mismo. Después, Jesús fue atendido por un ángel. ¿No necesitamos todos ángeles, compañeros y amigos para que el desierto no nos abrume?

Hace poco estuve en un tren que volvía a Bonnevaux desde Londres. Había sido un viaje dominical de pesadilla, en el que perdí el avión debido al tráfico, y en el que tuve que desviarme a otra ciudad francesa que parecía creer que nadie debía comer los domingos, ya que todos los suministros de comida estaban cerrados. El tren a Poitiers se retrasó, luego se desvió y los complicados anuncios sobre cómo volver a conectar se hicieron de forma ininteligible para los que no son nativos. En mi vagón, había algunos compañeros de viaje también cansados y hartos y con ganas de llegar a casa.

Le pregunté a uno de ellos si podía explicarme qué hacer. Lo hizo, y entonces se dio cuenta amablemente de que no estaba seguro de que lo hubiera entendido. Vino y se sentó a mi lado para explicarme con más detalle. Yo estaba ávido de información y orientación y, como era el último tren, no podía permitirme cometer un error. Él era mi ángel. En la estación donde cambiamos de tren, su destino, esperó y me indicó la dirección correcta asegurándose de que había entendido. Luego, como todos los ángeles, desapareció.

Esperemos que el hambre de justicia y de alimentos en Ucrania también produzca ángeles, a nivel local y en la comunidad internacional.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Sábado después del miércoles de Cenizas.

Jesús vio a un recaudador de impuestos, de nombre Leví, que estaba sentado junto a la aduana, y le dijo: “Sígueme”. Y dejándolo todo, se levantó y lo siguió (Lc 5,27).

¿Inmediatamente? ¿Después de la cena invitó a Jesús a su casa? ¿Después de hablar con su contador? ¿Cuánto tiempo toma para que caiga el centavo y se escuche realmente la llamada que cambia la vida? Tal vez lo oigamos en forma inmediata pero superficialmente y luego, cuando desciende a un nivel más profundo de conciencia, se abre de golpe y sigue la acción. Lo mismo sucede con la meditación. Un meditador de mucho tiempo de repente se dio cuenta ‘Oh, ya veo, no tengo que pensar en el significado del mantra. En realidad, no tengo que pensar en nada, ¿verdad?´

Todo lo que hacemos refleja el nivel de conciencia en el que estamos operando en este momento. Constantemente nos encendemos y apagamos o nos deslizamos hacia arriba y hacia abajo en la escala. Esto moldea nuestro sentido del bien y del mal y nuestra interpretación de la justicia. Es difícil para la mayoría, pero no para todos, no ver que la invasión rusa de Ucrania está fuera de la escala de algo razonable o justo. Ayer de los 193 miembros de la ONU 5 apoyaron la acción y 35 se abstuvieron. Mayoría, como podría, no significa correcto. Pero en ocasiones es abrumadoramente difícil negar el impacto que la injusticia tiene sobre nosotros, y la mayoría, aunque no tenga fuerzas, puede tener razón.

La justicia plena no florece hasta que somos capaces de vernos en el otro y al otro en nosotros. Los padres y madres del desierto decían que ésta era la señal de un verdadero monástico. Es un fruto que crece con la meditación a lo largo de los años. Hasta ese nivel de conciencia, en el que el estar centrado en el otro y la compasión se vuelven irresistibles, nuestro sentido del bien y del mal puede ser altamente subjetivo y falso. Luego hay un nivel más profundo en el que no solo nos vemos en el sufrimiento y el maltrato, sino que nos ponemos en su lugar en la mayor medida posible. Cuando la gente se acercaba a Jesús para sanar, parecía que no podía resistir la fuerza de la compasión que surgía en él hacia la persona que pedía. Se sentía uno con ellos y el espíritu de unidad que fluía entre ellos era redentor.

La justicia sin igualdad es flagrantemente falsa. Esto se debe a que, en el nivel más profundo de conciencia, sabemos que todos somos iguales. La justicia exige que esto se refleje en todas las circunstancias, materiales y sociales. Los privilegiados que creen en su privilegio – justifican disfrutar a expensas de los demás – se convierten en agentes de la injusticia y la opresión. Lamentablemente son ellos los que dirigen las instituciones sociales de justicia y los ejércitos.

Todos somos iguales y todos somos universalmente responsables. Sin embargo, Dios, que no tiene favoritos, está más visiblemente presente del lado de los oprimidos y de todas las víctimas de la fuerza.

Simone Weil era una apasionada de la justicia y abiertamente en contra de la fuerza y la opresión, no solo intelectualmente sino de todo corazón y en la forma en que vivía. Un rival reconoció de ella que “tenía un corazón que podía latir a través de todo el mundo”. La justicia requiere esa universalidad y pasión.

Laurence