P. Laurence Freeman OSB

Lectio Divina – Tocando lo Sagrado

P.Laurence Freeman OSB

Estadios de Contemplación, Catedral de Chartres

Por medio de la Lectio Divina aprendemos a conocer el corazón de Dios, a través de las Palabras de Dios (San Gregorio Magno)

“Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba;

 era tu palabra para mí un gozo

y alegría de corazón” (Jer 15, 16).

Cuando nos abrimos y nos mostramos receptivos a la Palabra de Dios tiene lugar la conversión. Es una revolución en las estructuras profundas de la personalidad que, si es genuina, continúa durante el resto de nuestra vida. La Palabra es verdaderamente un instrumento afilado para separar la verdad de la ilusión y para penetrar los lugares secretos del corazón” (Laurence Freeman, OSB).

La experiencia de la Lectio Divina

Lectio Divina significa lectura profunda. Permite que un texto sagrado despliegue su riqueza en ti. De él fluyen sanación, sabiduría, gozo, paz y fortaleza. Es una manera específica de oración y, por eso, necesita su propio tiempo reservado para ello. Este tiempo puede ser corto o largo y puede preceder o seguir a un tiempo de meditación en el que todos los pensamientos y palabras se entregan al silencio.

Para describir la experiencia de Lectio normalmente se utiliza una serie tradicional de pasos. Pero estos son simplemente un esbozo de los elementos de la práctica de la Lectio, que es un proceso sutil, libre y dinámico, por lo que no tenemos que ‘seguir’ estos pasos mecánicamente.

  1. Preparación

Puedes proceder de manera similar a como te prepararías para un tiempo de meditación. Dedica un momento o dos para desconectar de los pensamientos o actividades que te han estado ocupando inmediatamente antes: una breve sesión de estiramientos, un paseo al aire libre, escuchar música o simplemente observar tu respiración.

  • Lectura

Habitualmente, leemos rápidamente con los ojos y el cerebro piensa en lo que el ojo lee. La lectura de la Lectio se hace con el ojo del corazón y se escucha con el oído del corazón. El ‘corazón’ en este sentido significa un punto de integración, no de análisis, y de percepción, no de ideas. Tómate tu tiempo. Evita los juicios, explicaciones o conclusiones sobre lo que significa el texto. Ábrete. Déjate sorprender. Procede lentamente.

  • Repetición.

Observa atentamente si hay alguna palabra o frase que te invita de manera especial. Repítela con amabilidad, despacio, rumiándola, saboreándola. ¿A qué te sabe? Procura que esto tenga lugar en el corazón más que en la cabeza. Con paciencia, deja que se hunda en tu corazón y que actúe ahí. No pienses que tienes que llegar a alguna conclusión o encontrar una explicación. Deja que surja cualquier sentimiento, pensamiento o duda, y no los juzgues.

  • Escucha y conexión.

Escucha la forma en que el Espíritu te guía, inspira, sana o llama a través de esta Lectio. Mira a ver si conecta con algún asunto en tu vida que ahora sea de particular importancia -un problema, sufrimiento, decisión o relación. Permanece en quietud con aquello que se vaya revelando y confía en ello. La palabra es mensajera de amor. Permítete recibir el mensaje y sentirte amado. Permite que la Palabra de ahora te lea.

  • Ser.

Ahora pasa del texto al silencio, del pensamiento sutil a la quietud de la mente. Permite que emerja el mantra y dilo, pronúncialo, escúchalo. Deja ir todo pensamiento e imaginación. Haz esto durante una sesión de meditación completa, como siempre, o incluso durante unos momentos, dependiendo del tiempo de que dispongas.

Oración final

“Tu Palabra está viva y activa. Tamiza los propósitos y pensamientos del corazón. Ve todo y perdona todo. Que tu Palabra se encarne en mí. Amén”.

Sugerencias prácticas

Gregory Ryan, en su libro El Corazón Ardiente, ofrece las siguientes sugerencias prácticas:

  • Lee despacio y con atención amorosa, deteniéndote siempre que las palabras te lleven al silencio.
  • Cierra los ojos y percibe el significado que las palabras tienen para ti ahora. Más aún, percibe la Presencia que se encuentra en ellas. Deja que la realidad de las palabras se vaya convirtiendo cada vez más en una parte de tu ser.
  • Durante el tiempo de lectio, el contexto histórico del pasaje no es tan importante como el lugar que ocupa ahora en tu vida. Realmente, tú no eres la misma persona que hace diez años, ni cinco, ni siquiera que hace un año. Y ya que siempre eres una ‘persona nueva’ tu respuesta a la Palabra nunca será la misma.
  • Puede ser que un día descanses en una paz profunda. Otro día podrás ser consciente de que estás sintiendo tensión, enfado o pena. Estos sentimientos no deben causarte ninguna ansiedad porque todos ellos son parte de la acción sanadora de Dios que está obrando en ti.
  • Con el tiempo aprenderás a aceptarte como una obra en construcción. Tu aprecio creciente por la Palabra Viva de Dios te conducirá a una vida en constante asombro, gratitud y amor.

Traducción: WCCM España

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 15, Ciclo 1.

Introducción a la Meditación para un Grupo Cristiano

Recojo algunas sugerencias sobre las charlas que pueden tenerse durante una sesión inicial con un grupo de meditación semanal.

La introducción no excederá de 15 minutos. Nos presentaremos al grupo personalmente como parte de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Explicaremos brevemente cómo nos introdujimos en la meditación. Haremos hincapié en la tradición universal de la meditación, no sólo dentro de la tradición oriental sino también como una práctica de oración arraigada en nuestra propia tradición cristiana.

Tras un breve silencio, comenzaremos la lectura de un pasaje del Evangelio y lo comentaremos como un camino de oración, profundamente arraigado en la tradición cristiana. Estos son algunos ejemplos: Mateo 6,6, “interioridad, pocas palabras”; Mateo 6,8, “la confianza”; Mateo 6,25, “abandono de las preocupaciones, la atención”.

Podemos resaltar que actualmente hay un exceso de interés en “hacer”, en desarrollar actividades. Y debemos establecer una clara distinción entre lo que es “ser” y “hacer”. Todos podemos “caer” en “hacer” demasiadas cosas. Recordaremos la historia de “Marta y María” (Lc. 10, 38-42) y que debemos ser ambas en diferentes momentos, pero que la calidad de nuestro “hacer” depende de nuestro “ser”: estando en paz con nosotros mismos y en silencio interior, seremos capaces de escuchar y ayudar a los demás.

A continuación, haremos una introducción a la figura de John Main y al descubrimiento que hizo sobre la Meditación en la tradición cristiana de Juan Casiano. Este Padre del Desierto es un maestro para todos los cristianos. Él vivió mucho antes de que se produjera la división de las diferentes vertientes del cristianismo. Por ello, la meditación es muy importante en el ecumenismo.

La meditación es una forma natural por la que los cristianos rezamos juntos, a diferencia de las palabras y el ritual que pueden llegar a separarnos. La oración profunda nos muestra que ya somos “uno en Cristo”. “Porque donde están congregados dos o tres en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” (Mateo 18:20). La meditación no juzga las diferencias, las acepta de una forma amorosa y comprensiva.

La meditación también actúa como un antídoto del fundamentalismo, respetando las diferencias y aprendiendo a perdonar al otro, desde el “corazón”. Tanto la diversidad como la unidad son necesarias. En el Evangelio de Marcos 9, 38-41, Jesús muestra tolerancia y respeto por las diferencias de los seres humanos. La meditación es un camino de vuelta a casa, de vuelta a la propia relación con Cristo y con la unidad original en Cristo.

La meditación representa el eslabón perdido en nuestra cadena de la oración. Complementa y mejora pero no sustituye otras formas de oración. Enriquece de forma especial la oración de las escrituras. Debemos recordar que la meditación es una dimensión de la oración que nos conduce al silencio. No se trata de hablar con Dios, ni pensar en Él, sino de “estar con Dios”, de permanecer en comunión con la presencia de Cristo en nuestros corazones. El Silencio es la “adoración desde el espíritu y la verdad”.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

Bonnevaux, Noticias de la Comunidad

Grabaciones del John Main Seminar 2021, Comunidad de Amor.

Queridos compañeros de viaje,

Les adjuntamos un link con cinco videos de las presentaciones que tuvieron lugar durante el seminario de John Main el pasado 4 de septiembre. Fue una verdadera fiesta para nuestra comunidad el poder celebrar juntos los 30 años de camino difundiendo la meditación cristiana. Las charlas están traducidas al español. En la primera presentación encontrarán las palabras iniciales del propio Padre Laurence.

Las grabaciones en español están aquí. La contraseña es jms21sp

¡Paz!

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 4, Ciclo 1

¿Por qué Comenzamos a Meditar?

El impulso o deseo que nos lleva a comenzar a meditar es, a menudo, el momento en el que nos enfrentamos a alguna situación extraordinaria que nos arranca de nuestra cotidiana percepción de la realidad. Puede ser un momento de crisis o un importante acontecimiento en nuestras vidas, en los que la aparente seguridad y la inmutable realidad en la que vivimos se transforman de manera desconcertante – nos sentimos despreciados o nos enfrentamos a un fracaso o a la pérdida de un valioso trabajo o caemos enfermos de forma repentina.

Puede suceder que nos neguemos a aceptar este cambio y caigamos en el pesimismo, en la desconfianza o en la desesperación. Sin embargo, también puede ocurrir que, al ser conscientes de que nuestra realidad no es inmutable, comencemos a considerar el reto de vernos a nosotros mismos, a nuestro entorno, nuestras opiniones y valores, con diferentes ojos.

Algunas veces, puede ser un momento de extrema belleza el que nos permite darnos cuenta de la existencia de un mundo diferente al que ven nuestros ojos. Bede Griffiths, el sabio monje benedictino, describe como su despertar a la verdadera Realidad no surgió de un momento de crisis sino de la contemplación de la Naturaleza.

Él describe en “The Golden String” cómo fue llevado por la belleza del canto de los pájaros, en los arbustos de espino blanco en su máxima floración, hacia “un profundo sentimiento de fascinación al contemplar la puesta de sol, mientras una alondra me deleitaba con su canto”. Sintió que un mundo nuevo de belleza y misterio le había sido revelado. Volvió a sentirlo en otras muchas ocasiones, al atardecer. Percibía entonces la “presencia de un misterio inconmensurable”.

Este momento no siempre es tan dramático. Nuestra conciencia perceptiva varía enormemente de una persona a otra y de un momento a otro. Algunos de nosotros podemos haber percibido estos momentos de trascendencia, la conciencia de una realidad diferente, o la liberación de la prisión del ego al escuchar música, al leer una poesía o cuando nos quedamos ensimismados contemplando una obra de arte. Puede que otros nunca hayan percibido estos momentos de forma consciente pero, en algún nivel de su conciencia, han sabido de la existencia de esta realidad elevada y, aun sin saberlo, van sintonizando gradualmente con esta realidad.

Ya en los comienzos de la meditación entramos en contacto con la experiencia de una paz real e incluso de un gozo que burbujea en nosotros. Estos momentos en que nos liberamos de nuestras propias preocupaciones son regalos divinos.

No obstante, estos momentos de fugaces destellos no son el objetivo. Son sólo el comienzo. Generan el fuerte anhelo de seguir creciendo. El deseo de conocer más esta realidad que intuimos se hace cada vez más fuerte. Buscamos a nuestro alrededor quien puede ayudarnos a acercarnos a ella. Es en este momento cuando, de una forma o de otra, solemos descubrir la meditación. Es el comienzo del trabajo de clarificación e integración de la experiencia que permite el ascenso al despertar espiritual, la autenticidad personal y la verdad transpersonal

El hecho de que una intuición, una percepción de otra realidad, sea el comienzo de nuestro camino hacia la oración más profunda también significa que no podemos llevar a la meditación a nadie que no sienta ese ”deseo de algo más” dentro de su propio ser. Cuando nos sentimos llamados a comenzar un grupo, lo único que podemos hacer es invitar a otras personas pero no está en nuestras manos ser escuchados. El anhelo es un don divino. No podemos “llevar” a los demás hacia la meditación. Solo podemos darles la bienvenida y animarlos a continuar. Será su libre elección el tomar o no nuestro ofrecimiento.

Nota: El libro del Padre Laurence Freeman “Una perla de gran valor” es de mucha utilidad si deseas comenzar un grupo de meditación. Puedes descargarlo de la web de España aquí. Traducido por WCCM España

TRADUCIDO POR WCCM ESPAÑA.