P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: jueves de la cuarta semana de Cuaresma

AA8925EA-2FF7-4466-835E-D7DCBB2BB699

Nuestra crisis de Coronavirus durará más que la Cuaresma. Pero suma una dimensión urgente y personal a los principales temas de esta temporada espiritual. Los contemplamos luego del inicio de la Cuaresma, pero quizás ahora estemos descubriendo que lo espiritual no es tan abstracto como frecuentemente asumimos y que la vida en sí misma es un viaje espiritual que reúne cada aspecto de la experiencia humana. Cuando olvidamos esto olvidamos un elemento central de nuestra humanidad. Nos arriesgamos a quedar no sólo espiritualmente desnutridos sino a ser menos que humanos.

Me impactó recientemente recibir una carta al Virus de una joven de veinte años. No la citaré ya que puede ser perturbadora para aquellos que han perdido amigos por el virus o que estén profundamente preocupados por sus seres queridos o por sí mismos. Era una carta de agradecimiento, escrita de manera inteligente y provocativa, pero, como es esperable de una persona joven e intensa, carente de empatía por aquellos que sufren. La carta dolorosamente veía la crisis como un llamado a despertar, una denuncia a un estilo de vida insostenible.

Como dije el otro día, este no es un tiempo meramente para culpar o señalar con un dedo acusador, ni siquiera a nosotros mismos. Pero hay una enseñanza escondida en esta crisis y si podemos encontrarla, reconoceremos la oportunidad de cambio que nos ofrece. El terrible sufrimiento y costo en muertes al final no se justificará, pero será parte de este significado difícil de tragar. Para cualquiera que viva en este tiempo, no importa su generación, si fueron infectados o no, el mundo nunca será el mismo. La familia humana será más débil y la recuperación será difícil. En tiempos así, las fuerzas oscuras de la política y las finanzas pueden tratar de sacar provecho y nunca será más importante tener una masa crítica de personas en quienes la mente contemplativa haya despertado. Ni héroes ni santos sino seres humanos que han recuperado la dimensión espiritual de la realidad, tan frecuentemente ausente, ridiculizada, descuidada, rechazada o trivializada en nuestra cultura actual.

Cuando ponemos la espiritualidad en otra categoría, o la reducimos de un modo materalista a neuronas y mitos, comenzamos el proceso de deshumanizar la humanidad. La paz es buscada por la fuerza, la riqueza amontonada por pocos, las estructuras políticas secuestradas, y la religión se convierte meramente en otra identidad personal o en una ideología agresiva.

Aún si no estaba perfectamente expresada, la joven que escribió esa carta comprendió bien que no estamos enfrentando solamente una crisis de sufrimiento que requiere compasión y acción, sino también una oportunidad de vivir mejor. Las oportunidades pueden ser más desafiantes que los fracasos. John Main una vez me preguntó cuando empezaba este camino si estaba preparado para todo lo que traería. Yo pensé que se refería a todo aquello a lo que estaría renunciando. Pero él me corrigió: ‘me refiero al gozo.’ Etty Hillesum escribió, mientras ayudaba a los judíos que estaban siendo reunidos para ser llevados a Auschwitz, “Hoy siento una desesperación total. Tendré que manejarla.”

Estamos ahora en los días del equinoccio de primavera, la fuerza de resurrección más poderosa de la naturaleza. Es el momento oportuno para que manejemos el gozo.

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 36, ciclo 4

LogoMailingEnseñanza600-3

ens36

El tercer nivel de conciencia

Si en el camino de la meditación logramos reconocer y aceptar lo que va surgiendo, por doloroso que sea, llegaremos a un nivel más profundo: el tercer nivel de conciencia. John Main lo llamó: «el nivel de silencio, donde veremos con asombro la luz de nuestro propio espíritu» y «donde conectaremos con la base de nuestro ser» (“Una Palabra Hecha Silencio”). Laurence Freeman explica que, antes de experimentar ese maravilloso contacto, nos encontraremos con la última barrera del «ego»: «el sentido del ego de su propia existencia finita que es como un muro de ladrillos que no podemos superar por nosotros mismos.

Aquí llega el momento en que Dios nos entrega su regalo mediante la gracia del Espíritu y aparece una abertura en el muro de la individualidad. En esa apertura de la auto trascendencia dejamos atrás nuestro ego y encontramos nuestro verdadero ser, en Cristo. Esta última barrera nos produce un profundo dolor causado por nuestra percepción ilusoria de que estamos separados de Dios. San Juan de la Cruz lo llamó «la noche oscura del alma». Afortunadamente, la gracia del espíritu nos revela que esta separación es una falsa percepción pues siempre estamos conectados integralmente con la Realidad Divina. Y, después, como dice el himno “Gracia Maravillosa” de forma tan bella: «Una vez me perdí, pero ahora me he encontrado, estaba ciego, pero ahora veo». Entonces comprobamos que el muro fue creado por nosotros y, cuando desaparece, nos inunda la alegría y la paz de la unión con lo divino.

Estos tres niveles que hemos estado viendo en las últimas lecturas no son niveles separados sino tres aspectos de nuestra conciencia que van surgiendo a su debido tiempo. En la meditación vamos entrando en estos niveles de la conciencia en las diferentes etapas de nuestro viaje de forma espiral. Seguimos aprendiendo y creciendo progresivamente y, en ocasiones, retrocedemos por un tiempo. Cuanto más nos adentramos en el silencio y en la quietud de la meditación, más abandonamos nuestras distracciones, mejor comprendemos nuestras heridas emocionales y en mayor medida vamos sanándolas.

El «ego» y el «yo verdadero» se comunican e integran cada vez mejor, apoyándose mutuamente. Necesitamos ambas formas de ser y percibir la realidad para poder experimentar «la vida en toda su plenitud». Cuando nos desapegamos de nuestros condicionamientos y de la necesidad de utilizar a los demás como accesorios emocionales, logramos «dejarnos atrás a nosotros mismos» y llegar al prójimo y a Dios. Entonces surge un nuevo conocimiento, una comprensión intuitiva más nítida. Ahora percibimos desde un nivel intuitivo con el “Ojo del Corazón” y vemos «la realidad tal como es, infinita», como lo expresó Blake. Antes de alcanzar este nivel de conciencia, percibimos el mundo con el “Ojo de la Carne”. Con esta visión, nos centramos en la experiencia del mundo material, en el mundo de los sentidos, recogemos datos como hacen los científicos y, después, les damos sentido a nivel racional, utilizando el “Ojo de la Mente”.

El famoso científico Stephen Hawking operaba a nivel del «Ojo de la Carne» y del «Ojo de la Mente». Creía que todo puede entenderse con la mente racional, incluso a Dios: “Sin embargo, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo debería ser comprensible por todos, no solo por unos pocos científicos. Así, todos, filósofos, científicos y personas comunes, podremos participar en la discusión de nuestra existencia y la del universo. Si encontramos la respuesta a estas cuestiones, alcanzaremos el triunfo final de la razón humana: conocer la mente de Dios».

En su última etapa, Hawking pudo haber estado de acuerdo con Albert Einstein, quien enfatizó la importancia del ‘Ojo del Corazón’: “el factor realmente valioso es la intuición” y “la experiencia religiosa cósmica es la fuerza impulsora más fuerte y noble detrás de la investigación científica». También San Pablo destacó la necesidad de ver con el “Ojo del Corazón”: “Oro para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, os dé el espíritu de la sabiduría y de la revelación para llegar al conocimiento de Él. Oro para que los ojos de vuestros corazones se iluminen, para que podáis saber cuál es la esperanza a la que Dios os llama… ”(Efesios 1:17). San Agustín también enfatizaba la importancia de la visión intuitiva: «Todo el propósito de esta vida es restablecer la salud del ojo del corazón, a través del cual podemos ver a Dios».

En esa etapa de nuestro crecimiento, los tres niveles de conocimiento quedan integrados. Esto puede suceder repentinamente, o con el tiempo, en el camino del silencio y la quietud. Y llegamos así a un «conocimiento puramente espiritual… Allí escuchamos sin ningún sonido y vemos sin materia alguna» (Maestro Eckhart).

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

Noticias de la Comunidad

Retiro 2019: Juntos andemos Señor

Con el apasionado testimonio de Claudia Gamarra sobre la experiencia mística de Santa Teresa de Ávila y alimentados por las enseñanzas de John Main, vivimos un retiro de silencio profundamente restaurador. Ciertamente esta experiencia compartida alimenta nuestro camino de encuentro con Cristo y con nuestros hermanos y nos anima a perseverar en la oración continua.

Noticias de la Comunidad, P. John Main O.S.B.

Simplicidad

Libro de John Main recientemente traducido al español

Disponible ahora como e-book

SIMPLICIDAD

Agradecemos a John Siska, Coordinador nacional de España y a su comunidad local por compartirnos gratuitamente este libro. A continuación su carta de presentación del mismo.

 

Queridos compañeros de viaje,

Tenemos la inmensa alegría de poderos hacer llegar el maravilloso librito de John Main – «Simplicidad – Meditación para Todos». El libro es una auténtica joya por su simplicidad, brevedad, y profundidad. 

Podéis bajaros el librito en formato pdf o epub de nuestra web, pinchando aquí. El libro, de momento, es gratuito. Sí os pedimos vuestra colaboración en difundir este libro ampliamente. Enormemente agradecidos si mandáis pues este correo a las personas de vuestra confianza que pudieran estar interesadas. 

También tenemos ejemplares impresos del libro. Los vendemos de tres en tres por €10 más gastos de envío. Si deseáis hacer un pedido, contactar con Laura por email lgonzalez@wccm.es, por favor. 

Fuerte abrazo para todos,

John