Enseñanzas Semanales

Enseñanza 16, Ciclo 5



Discernimiento
Como ya he mencionado en una lectura anterior, Juan Casiano alternaba capítulos sobre la oración y sobre el discernimiento en su obra “Conferencias”. El discernimiento es un elemento muy importante en la vida espiritual. Procuramos abandonar nuestros deseos egocéntricos para poder escuchar la voz interior divinamente inspirada. La dificultad, por supuesto, es discernir si los pensamientos o las visiones realmente provienen del Espíritu o de los engaños del «ego». En el discernimiento, es recomendable recibir la ayuda de un maestro espiritual, un compañero espiritual o un amigo. Los ermitaños del desierto eran afortunados porque tenían a su Abba o Amma a quienes podían consultar. Casiano aprendió en el desierto sobre el don del discernimiento y basa su énfasis en las palabras de San Antonio, quien dijo: “El discernimiento es lo que en las Escrituras se describe como el ojo y la lámpara del cuerpo. Esto es lo que dice el Salvador, “tu ojo es la luz de tu cuerpo y, si tu ojo está sano, entonces hay luz en todo tu cuerpo. Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mt. 6: 22-23) Este ojo ve a través de todos los pensamientos y acciones de un hombre, examinando e iluminando todo lo que debemos hacer”. Casiano nos enseña las preguntas que debemos hacernos en el proceso del discernimiento. En primer lugar, debemos plantearnos si el asunto es importante o trivial; si hay una «apariencia engañosa de piedad»; o si la interpretación de las Escrituras es herética o si los «demonios» de la «vanidad» y el «amor propio» están en acción. En su opinión, el discernimiento es sentido común guiado por una actitud de moderación que va surgiendo de la experiencia de toda una vida de oración profunda. Casiano narra la siguiente historia para ilustrar este punto: “Y luego estaban los dos hermanos que vivían al otro lado del desierto en Tebas, donde había vivido el bendito Antonio. Al viajar a través de esa inmensa región deshabitada, un lapso de discernimiento los llevó a decidir que la única comida que tomarían sería la que el Señor mismo les ofreciera. Iban tambaleándose por el desierto, debilitados por el hambre, cuando los Mazices los divisaron desde la distancia. Los Mazices eran una tribu muy violenta y cruel que atacaban por pura ferocidad. Sin embargo, a pesar de su agresividad innata, cuando vieron a los dos hombres se acercaron para darles un trozo de pan.  Uno de los hermanos, guiado por el discernimiento, aceptó con alegría y bendición el alimento que le ofrecían, como si fuera el mismo Señor quien se lo estuviera dando. En su opinión, Dios mismo había facilitado que les llegara algo de comida. Tenía que ser obra de Dios que aquellos salvajes que solían disfrutar con el derramamiento de sangre ahora estuvieran dando de lo que tenían a unos hombres débiles y desnutridos. El otro hermano, sin embargo, rechazó la comida pues provenía del hombre y no de Dios. Y, por tanto, murió de hambre.   Ambos habían comenzado con la decisión equivocada. Sin embargo, uno, con la ayuda del discernimiento, cambió de opinión sobre algo que habían decidido de forma precipitada e imprudente. Por el contrario, el otro se mantuvo fiel a su estúpida presunción. Sin saber nada acerca del discernimiento, se abocó a la muerte que el Señor había querido evitar. No fue capaz de discernir y ver la acción de Dios en el hecho de que esos bárbaros olvidaran su salvajismo innato y fueran hacia ellos con un pan en lugar de con una espada».  La virtud necesaria para evitar estos riesgos es la “obediencia”, que es básicamente una actitud de humildad: “La primera evidencia de esta humildad es cuando todo lo que se hace o se piensa se somete al escrutinio de nuestros mayores”. Pero incluso al elegir tu Abba es necesario ejercitar el discernimiento: “No debemos seguir las huellas o las tradiciones o los consejos de todos los ancianos solo por sus canas y su edad. Más bien, debemos seguir a aquellos que, sabemos, vivieron su juventud de una manera loable y admirable y que fueron entrenados no por sus propias presunciones sino por las tradiciones de sus mayores». Aunque inicialmente Casiano influyó fuertemente en el movimiento monástico occidental, la confrontación de sus ideas con las de San Agustín implicó que sus enseñanzas sobre la oración no perduraran en el tiempo. Su breve frase recomendada para repetir en la oración privada se convirtió en parte de la liturgia establecida. Su énfasis en el esfuerzo y la responsabilidad personal, y el discernimiento que esto implicaba se convirtió en “obediencia” a las directivas de la Iglesia.
Kim Nataraja
(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España    
Lecturas Semanales

Lectura 16, ciclo 15


“El Poder de la Atención”, extracto del escrito de Laurence Freeman OSB en “El Yo Desinteresado” (Londres: DLT, 1989) págs. 31-35. Hoy más que nunca, en nuestra sociedad ególatra y narcisista corremos el riesgo de confundir la introversión y el autoanálisis con la verdadera interioridad. Tener una verdadera interioridad es todo lo contrario a ser introvertido. En la conciencia de la presencia interior, nuestra conciencia se transforma de modo que ya no estamos mirándonos a nosotros mismos, anticipando o recordando sentimientos, reacciones, deseos, ideas o ilusiones. En la verdadera interioridad nuestra conciencia se dirige lejos de nosotros. Y esto lo vivimos como un problema. Creemos que sería más fácil alejarnos de la introspección si supiéramos hacia dónde nos dirigimos, si tan solo tuviéramos un objeto fijo al que mirar, si tan solo Dios pudiera ser representado por una imagen. Pero el Dios verdadero nunca puede ser una imagen. Las imágenes de Dios son dioses. Al construir una imagen de Dios acabamos mirando una imagen renovada de nosotros mismos. Ser verdaderamente interior y abrir el ojo del corazón significan vivir dentro de la visión sin imágenes. Esta es la fe. Esta es la visión que nos permite “ver a Dios”.  En la fe, la atención ya no está controlada por los espíritus del materialismo, del egoísmo y de la autoconservación sino por un Espíritu Nuevo que es, por naturaleza, desposeído. Se trata de un continuo soltar y renunciar incluso a las recompensas que nos trae la renuncia, que son muy grandes y que, por tanto, es aún más necesario que las soltemos. No hay desafío más crucial que entrar en la experiencia de permanecer centrado en el otro. Es el estado extático y continuo del desapego. Podemos vislumbrarlo simplemente recordando aquellos momentos o fases de la vida en los que experimentamos el mayor grado de paz, plenitud y alegría y reconocer que eran tiempos en los que nos abandonábamos. El pasaporte hacia el reino requiere el sello de la humildad, de la pobreza.
Carla Cooper

Traducido por WCCM España  
Lecturas Semanales

Lectura 13, ciclo 5

“El Camino de la Iluminación”, extracto del libro de John Main “Sed de sentido y profundidad” edición de Peter Ng (Singapur: Medio Media, 2007), págs. 188-189. Todos somos conscientes de que en nuestro mundo existe mucha oscuridad. A diario, escuchamos noticias sobre terribles injusticias y conflictos y sobre actos de violencia, de odio, de envidias y de codicia. Vemos que estas sombras están en el ser humano tanto a nivel personal como a nivel colectivo. Todos nosotros somos conscientes de la oscuridad que hay dentro de nosotros mismos … Cuando comenzamos a meditar, vamos comprendiendo que no podemos entrar en la experiencia del silencio con sólo una parte de nuestro ser. Todo lo que somos, la totalidad de nuestro ser debe estar involucrado. Es decir que cada parte de nuestro ser debe abrirse a la luz y llegar a ella. No meditamos sólo para desarrollar nuestra dimensión o capacidad religiosa. En el hombre o la mujer verdaderamente espirituales todas sus dimensiones están en armonía. La meditación no es el proceso mediante el cual intentamos ver la luz. La meditación es el proceso mediante el cual salimos a la luz y comenzamos a ver la realidad completa. Empezamos a verlo todo por el poder de la luz. Y vemos que, como nos dice Jesús, el poder de la luz es el amor. La prueba de nuestro progreso en la meditación es saber en qué medida somos capaces de ver a los demás y ver todo a la luz de Dios. Ver la vida iluminada por la luz del amor también nos hace amar a todos. No juzgar, no rechazar sino ver a todos y a toda la creación desde esta luz que debemos descubrir en nuestro propio corazón.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España  
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 13, ciclo 5

¿Solo o en Comunidad?

Juan Casiano sentía una gran admiración por Evagrio. De hecho, era el maestro al que más veneraba entre los Padres y Madres del Desierto. En su libro “Conferencias” podemos comprobar que no sólo recibió las enseñanzas de Evagrio sino que también escuchó las de otros Abbas del desierto. Sin embargo, fue Evagrio al que más agradecido estaba por sus pensamientos.

Casiano básicamente amplió las ideas expresadas en las breves frases de Evagrio. Apenas hay diferencias en el énfasis y en los consejos que expone. En sus escritos, Casiano tuvo la precaución de no mencionar ni a Orígenes ni a Evagrio, aunque la influencia de los dos maestros queda impregnada en su pensamiento. Estos dos maestros estaban bajo sospecha y fueron excluidos oficialmente por el Concilio Ecuménico convocado por el emperador Justiniano en el siglo VI.

La principal obra de Casiano, “Conferencias”, contiene una descripción exhaustiva del camino de la oración del desierto, el camino para llegar a la “pureza de corazón” y entrar así en el “Reino de Dios”: “El fin último de nuestra misión es el Reino de Dios o el Reino de los Cielos, pero la meta intermedia es la pureza de corazón». Los capítulos de sus Conferencias describen el camino hacia la pureza de corazón y, además, subrayan la importancia de la adquisición de la virtud suprema de la prudencia, el don espiritual de reconocer si los pensamientos y las acciones provienen del ego o de la intuición divina.

Estas conferencias se inspiraron en situaciones del desierto; los discípulos se sentaban en silencio, a los pies de los Abbas y las Ammas para escucharlos, y éstos les hablaban de sus propias experiencias de oración profunda. La enseñanza procedía no solo de escuchar a los Ancianos sino también de observar sus comportamientos, ya que la verdad de sus enseñanzas era confirmada en sus acciones.

Juan Casiano era un verdadero buscador de espiritualidad. Trataba de responder a las eternas preguntas del ser humano sobre el significado y el propósito de la vida y de la relación entre el mundo que vemos con nuestros sentidos y la Realidad Última de la que se origina. Su principal pensamiento procedía de las palabras de Jesús: “De las cosas de abajo vienen ustedes; de las cosas de arriba vengo yo. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo «. (Juan, 23 24). Casiano trató de encontrar formas de acceder a esta realidad Divina de las «cosas de arriba».

Como hicieron los ermitaños del desierto, Casiano enfatizaba en sus enseñanzas la necesidad de purificar las emociones y de alcanzar un crecimiento moral que conduzca a la pureza del corazón, a entrar en la presencia de Cristo: “Mirar con ojos completamente purificados a la divinidad es posible pero sólo para aquellos que se elevan por encima de las obras y pensamientos terrenales y que se retiran con Él a la montaña de la soledad. Cuando se liberan del tumulto de las ideas y pasiones mundanas, cuando se liberan de la esclavitud de los vicios, cuando han alcanzado las alturas sublimes de la fe plenamente pura y de la virtud excelsa, la divinidad les da a conocer la gloria del rostro de Cristo y les permite la visión de sus esplendores a aquéllos que son dignos de mirarlo con los ojos purificados del espíritu «. (Conferencia XVI)

La principal razón por la que Casiano fundó los monasterios de Marsella, una vez que tuvo que abandonar el desierto, fue su absoluta convicción de que era muy arriesgado avanzar solo por el camino espiritual. Recordamos el consejo del desierto de «obedecer» a tu Abba o Amma, ya que era muy fácil dejarse engañar por los «demonios», un riesgo implícito de llevar la vida solitaria de un ermitaño. Las experiencias debían ser contrastadas con la sabiduría y la capacidad de discernimiento de los monjes mayores: “Sé de monjes que fracasaron después de mucho trabajo y cayeron en la locura, porque confiaron en su propio trabajo y descuidaron el mandamiento que dice: “Pregúntale a tu padre y él te lo dirá «. (San Antonio)

Casiano sintió con fuerza la necesidad de experimentar primero la vida espiritual en una comunidad, viviendo y practicando una vida regida por las virtudes de estabilidad, pobreza, castidad y obediencia. Sólo después de haberse afianzado en la propia vida de oración, ser un ermitaño podía considerarse una opción válida.

Aunque Casiano se refería específicamente a los monásticos que estaban a su cargo, no creía que este camino fuera el único que conduce a Dios. Estaba convencido de que cualquier persona podía llegar a Dios en su propia vida: “El camino hacia Dios toma muchos caminos. Así que cada uno lleve hasta el final y sin volver atrás el camino que eligió primeramente para que pueda ser perfecto, sin importar cuál sea su profesión” (Conferencia XIII). Incluso llegó a decir: “La persona que en este mundo atiende a los enfermos vale más que el ermitaño que no se preocupa por su prójimo” (Frase 34).

En todo esto, vemos cuánto resuenan los pensamientos de John Main con la enseñanza de Casiano.

Kim Nataraja

(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España

Sabiduría Diaria

Sabiduría Diaria 18.09.2020

Laurence Freeman – Bonnevaux

La amistad espiritual es una parte muy importante del viaje espiritual. Así que, si tienes alguna comprensión del viaje que estás realizando, y si tienes algún apoyo (es por eso que recomiendo los grupos de meditación), puedes continuar. O puedes detenerte, puedes detenerte por unas pocas semanas, algunos meses, algunos años. Luego recuerdas esa viaja hambre de algo más profundo, de algo más simple, de una mayor intimidad con Dios. Esto puede regresar, quizás a través de una crisis, quizás solo como una cuestión de tiempo, y vuelves a meditar. Comienzas de nuevo desde donde dejaste. Para la mayoría de las personas, así es como empezamos. Para mí, ciertamente, fue así. Comienzas, paras, comienzas paras. La razón por la que me llevó tanto tiempo es que no tenía ningún apoyo cuando empecé a meditar por mi cuenta. Es muy difícil hacer esto enteramente solo.

(Mapa del viaje por Laurence Freeman OSB.)