Enseñanzas Semanales

Enseñanza 12 Ciclo 1


La importancia del grupo de meditación semanal

Los miles de pequeños grupos que se reúnen en casas, parroquias, escuelas, prisiones u hospitales, en al menos 100 países de todo el mundo, constituyen los cimientos de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Reunirse en grupo es una parte importante del camino de la meditación. En primer lugar, el grupo es un lugar de aprendizaje donde se enseñan los principios fundamentales de la Meditación Cristiana transmitidos por John Main y Laurence Freeman y donde se refuerza su auténtica naturaleza cristiana. Además, el grupo constituye un espacio acogedor y propicio para recibir a los recién llegados.

En segundo lugar, es importante estar con personas afines cuando uno se embarca en un viaje espiritual. Si se está solo, no resulta una travesía fácil; el respaldo y el aliento de otros que recorren la misma senda resulta muy valioso. John Main insistió en la importancia de las reuniones semanales de Meditación. Además, él creía en que “la meditación crea comunidad”. Los seres humanos somos criaturas constitutivamente sociales y experimentamos, de modo muy sutil, la influencia de aquellos con quienes nos reunimos. Pero también se refería al efecto de la oración: “Porque donde se reúnen dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, dice Jesús en el evangelio de Mateo. Su presencia establece un lazo creciente entre las personas que rezan juntas. A partir de ese lazo, surge un sentido de comunión, un deseo de animar y alentar a los demás.

Este sentimiento de comunidad surge especialmente con la oración del silencio. El silencio constituye la esencia de cada encuentro de un grupo de Meditación. Repetir fielmente nuestra palabra sagrada nos conduce a un silencio profundo en el centro de nuestro ser, donde habita Cristo. En ese silencio descubrimos nuestro propio y auténtico “yo” y al hacerlo tomamos conciencia de que no somos seres aislados e individuales sino que estamos interconectados con todos, con la Creación y con la Divinidad. Por tanto, se trata de un silencio que no es solitario, sino compartido; es el silencio que verdaderamente nos une. Es más, el recuerdo de este silencio compartido nos sostiene y nos mantiene fieles a nuestra práctica individual, dos veces al día, en nuestras casas, o nos ayuda a comenzar de nuevo cuando hemos flaqueado.

La persona que ha sentido la llamada de guiar un grupo tiene un importante papel de apoyo. Él o ella puede contribuir a crear el ambiente apropiado para que el silencio eche raíces; además, su constancia al estar presente cada semana sirve de ejemplo para los demás.

En muchos sentidos, la meditación cristiana nos conecta con la vida de los primeros cristianos en los primeros siglos de nuestra era. No se trata sólo de que John Main redescubriera en los escritos de esos tiempos la oración del silencio que utiliza una única palabra de oración. También el ambiente en el que los primeros cristianos se reunían para orar era semejante: se reunían igualmente en pequeños grupos, en las casas o en lugares de reunión.

En nuestra página web, en el epígrafe “Grupos de Meditación Cristiana”, puedes encontrar material de apoyo en relación con la constitución y acompañamiento de grupos. Este material ha sido extraído del libro Una perla de gran valor, de Laurence Freeman, que también puedes descargarte en pdf.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España
Lecturas Semanales

Lectura 11, Ciclo 1

“De la Soledad al Amor”
extracto del libro de John Main “El Camino de lo Desconocido”
(New York: Crossroad, 1990), págs. 44-46.

Meditamos porque sabemos con absoluta certeza que debemos trascender más allá de nuestra propia esterilidad. Debemos trascender la esterilidad del sistema cerrado y puramente introspectivo de nuestra mente. Sabemos con una claridad cada vez mayor que debemos pasar del aislamiento al amor. Es curioso cómo en la introspección, la mente vuelve sobre sí misma y nos conduce a tal esterilidad. ¿Por qué la conciencia centrada en sí misma es tan estéril?

Supongamos, por ejemplo, que intentamos analizar alguna experiencia reciente. La consecuencia casi inevitable es que acabemos observándonos a nosotros mismos en el momento de esa observación. Cuanto más profundo es el grado en que nos replegamos sobre nosotros mismos, mayor la obsesión con nuestra autoconciencia. El resultado es parecido a estar atrapado en una sala de espejos donde constantemente confundimos la realidad con la imagen. Y todas las imágenes que obtenemos son las de nosotros mismos.

Éste es un buen momento para preguntarnos porqué la meditación es tan diferente… Cuando comenzamos en la meditación, todos nos preguntamos “¿qué estoy consiguiendo?” “¿qué me aporta?” (…). En esta fase necesitamos hacer un acto de fe. Podría parecer que la fe es la que entra en la oscuridad y abraza la esterilidad, pero no hay otra forma de entrar sino través del total abandono de nosotros mismos. Tiene que ser un acto total de fe. En otras palabras, nos comprometemos a la meditación y al mantra como el camino para renunciar a nuestra propia conciencia. En efecto, nos comprometemos a abandonar nuestra propia esterilidad.

Es entonces cuando experimentamos que la esterilidad se transforma en pobreza –una pobreza que abrazamos totalmente. Y ello nos lleva a esa declaración de nuestra propia pobreza que nos revela la existencia de un Dios único y de que en Dios se encuentran todas las riquezas y todo el amor… La esterilidad se convierte en pobreza –un estado de absoluta simplicidad, vulnerabilidad y de un total abandono en Dios y en su amor. La autoconciencia nos lleva a la verdadera conciencia. Despertamos al conocimiento de lo que existe más allá de nuestros horizontes, de lo que es Dios: Amor.

La introspección se transforma en una visión de autotrascendencia porque todo lo que vemos ahora, lo vemos con la luz divina, ampliado en la eternidad. Vemos todo bañado por el infinito amor de Dios.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España

Lecturas Semanales

Lectura 5, Ciclo 1

“Muerte y Resurrección”
del libro de John Main “Momento de Cristo”
(New York: Continuum, 1998), páginas 68-70.

Toda la tradición cristiana nos dice… que, para llegar a ser sabios, debemos aprender la lección de que nos encontramos en un lugar perecedero… Pero la principal fantasía de lo mundano, funciona de manera completamente opuesta a ese punto de vista… La sabiduría de nuestra tradición… es que la consciencia de nuestra debilidad física nos permite conocer también la fragilidad de nuestra espiritualidad. Existe en nosotros una profunda conciencia, tan profunda que a veces permanece enterrada durante mucho tiempo, a la que debemos entrar para conectar con la totalidad de la vida, con la fuente de la vida. Debemos conectar con el poder de Dios y abrirnos como frágiles “recipientes de barro” al Amor eterno de Dios…

La meditación es un camino poderoso y valioso porque nos hace comprender nuestra inmortalidad. Nos hace conscientes de nuestra propia muerte. Y así nos muestra el camino más allá de nuestra propia mortalidad. Más allá de nuestra muerte, hacia la resurrección, a una nueva vida eterna, la vida que florece de nuestra unión con Dios.

La esencia de los Evangelios es que estamos llamados a vivir esta experiencia ahora, hoy. Todos estamos invitados a la muerte, a la muerte de nuestro propio egoísmo, nuestro egocentrismo, nuestra limitación. Estamos llamados a morir de nuestra exclusividad. Estamos invitados porque Jesús murió antes que nosotros y resucitó. Por eso, la invitación que recibimos es a morir y resucitar a una nueva vida, a la comunión, a la vida plena sin miedo. Es difícil valorar que teme más la gente, si a la muerte o a la resurrección. En la meditación, perdemos todos nuestros miedos porque reconocemos la muerte como la muerte del miedo y la resurrección significa la experiencia de una nueva vida.

Cada vez que nos sentamos a meditar, entramos en este eje de muerte y resurrección. En la meditación vamos más allá de nuestra propia vida y todas las limitaciones de nuestra propia vida dentro del misterio de Dios. Descubrimos, cada uno desde su propia experiencia, que el misterio de Dios es el misterio del Amor, del infinito Amor, el Amor que elimina todos los miedos. Esta es nuestra resurrección, nuestro ascender a la libertad total, aquello que amanece en nosotros, cuando nuestra propia vida, muerte y resurrección están enfocadas.

La meditación es el gran camino de atención a nuestra vida en la realidad eterna, que es Dios, … la realidad eterna que hemos de encontrar dentro de nuestros propios corazones. La disciplina de pronunciar el mantra, la disciplina de meditar cada mañana y cada tarde, tiene un supremo objetivo; centrarnos totalmente en Cristo, con una agudeza visual en la que nos vemos a nosotros mismos en toda la realidad, tal cual es. Según dice San Pablo a los Romanos: ninguno de nosotros vive, igualmente que ninguno de nosotros muere, por si mismo. Si vivimos, es por Dios y si morimos, morimos por Dios. Tanto en la vida como en la muerte, estamos en Dios.

Traducido por WCCM España    

Noticias de la Comunidad, P. Laurence Freeman OSB

Charla para Jóvenes Adultos con Laurence Freeman – 17 de julio

ACTIVIDAD SIN COSTO PARA PERSONAS DE 18 A 40 AÑOS.

REGISTRO GRATUITO:  https://wccm.org/la-vida-sabia-y-la-alegria-de-la-conexion-registro-gratuito/

Para unirse al grupo de jóvenes meditadores del WCCM (de 18 a 40 años) en Whatsapp: https://chat.whatsapp.com/CC41lVgBeZVGBcOyAkd2LW