Lecturas Semanales

Lectura 46, Ciclo 5


Texto del Padre Laurence Freeman “Aspectos del Amor”, (Retiro en Londres y Berkhamstead: Medio Media y Arthur James, 1997), pág. 85.  

San Juan dice que Dios nunca ha sido visto. En otras palabras, Dios nunca puede ser un objeto fuera de nosotros. Es la mente la que siempre está creando objetos, siempre creando la realidad externa. En nuestra oración, somos llamados a ir más allá de la mente. Necesitamos ir a ese nivel de nuestro ser – el corazón, el espíritu – donde comprendemos que estamos en relación, en comunión, en la danza del ser, con todo lo que es, en Dios. Cada uno de nosotros está llamado a ello y todos somos capaces.  

El amor es una escuela. Aprendemos a amar amando. Probablemente podemos intuir que cuando lleguemos a revisar nuestra propia vida, como hacen las personas cuando saben que están muriendo, el valor por el que nos juzgaremos será el valor del amor, el valor de las relaciones. La meditación nos ayuda a ver la armonía del amor en nuestra vida, el gran poder equilibrador del amor que nos crea, que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, que nos cura y nos enseña. Vemos el amor que está con nosotros, que nos acompaña en el viaje. No es un amor que tengamos que obtener o ganar. Es un amor que está constantemente con nosotros.  

A través de la meditación, nuestros ojos se abren para ver hasta qué punto el poder del amor está presente en medio de toda nuestra inestabilidad, de toda nuestra obstinación y de todas nuestras distracciones. Somos capaces de sentir cada vez más profundamente la presencia de la paz. Y como la meditación nos enseña a amarnos a nosotros mismos, a amar a los demás y a amar a Dios, también nos enseña que todas las relaciones son realmente aspectos de una relación.    

Después de la meditación:  
Rumi, extracto de «El amor sin objeto», EL ALMA DE RUMI,  Coleman Barks (Nueva York: Harper Collins, 2001), pág. 168.  

¿Has visto a alguien enamorarse de su propia sombra?
Eso es lo que hemos hecho nosotros.
Dejar los amores parciales y encontrar el que está completo.
¿Dónde hay alguien que pueda hacer eso?
Son tan raros esos corazones que llevan consigo la bendición y la prodigan sobre todo lo demás. Extiende tu túnica de mendigo y acepta su generosidad.
Todo lo que no venga de ahí dañará la tela, como una piedra afilada desgarrando tu sinceridad. Mantén eso intacto y usa la claridad; llámalo discernimiento,
Tienes dentro de ti una fuerza decisiva que sabe qué recibir,
y de lo que hay que apartarse.  

Carla Cooper  

Traducido por WCCM España
Lecturas Semanales

Lectura 32, Ciclo 5.


“El Silencio del Amor”,
Texto extraído del libro de John Main OSB, “Una Palabra Hecha Carne”
(Norwich: Canterbury, 2009), pág- 29-30.

El lenguaje es muy débil para explicar la plenitud del misterio. Por eso, el silencio absoluto de la meditación es de suma importancia. En el silencio de la meditación no intentamos pensar en Dios, ni hablar con Dios ni imaginarle. Permanecemos en ese asombroso silencio, abiertos al eterno silencio de Dios. Descubrimos en la meditación, a través de la práctica diaria y por la propia experiencia personal, que éste es el ambiente natural para todos nosotros. Fuimos creados para esto y nuestro ser florece y se expande en ese silencio eterno.

El término «Silencio», sin embargo, falsea la experiencia y quizás disuada a muchas personas, puesto que puede sugerir la experiencia negativa de la privación del sonido o del lenguaje. Hay un temor de que el silencio de la meditación sea regresivo. Pero la experiencia y la tradición nos enseñan que el silencio de la oración no es el estado pre-lingüístico sino el post-lingüístico en el que el lenguaje ha completado su función de dirigirnos a través y más allá de sí mismo y de todo el reino de la conciencia mental. El silencio eterno no se priva de nada ni nos priva de nada. Es el silencio del amor, de la aceptación incondicional y sin reservas.

Sabemos que somos amados y por eso amamos. La meditación se ocupa de completar este ciclo de amor. Con nuestra apertura al Espíritu que habita en nuestros corazones, y que en silencio ama a todos, comenzamos el camino de la fe. Terminamos en la fe porque siempre hay un nuevo comienzo para la eterna danza del enamoramiento.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Lecturas Semanales

Lectura 30, Ciclo 5


“Perdón y Compasión”
Texto extraído del libro de Laurence Freeman OSB “Aspectos del Amor”.
(Londres: Arthur James, 1997), págs. 72-74.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es aprendiendo simplemente a amar. Aprendemos que el amor es la fuerza unificadora en toda relación humana tanto si se trata de una relación con aquellos que nos son más cercanos como si se trata de aquellos que nos han herido … o, simplemente, como si se trata de la manera en que nos relacionamos con la humanidad en general, hasta con los más desfavorecidos en la calle o con el sufrimiento que vemos a diario en los medios. Aprendemos que es el mismo amor el que nos relaciona con todos ellos.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es la simplicidad del amor. En el amor no juzgamos, no competimos. Aceptamos, reverenciamos, y aprendemos a vivir con compasión. Al aprender a amar a los demás, dejamos salir la alegría interna que irradiamos hacia fuera y que llega a los demás a través de nuestras relaciones. Ésta es la razón por la cual las comunidades, las familias, y los matrimonios no existen exclusivamente para la perfección de las personas involucradas la relación. Existen también para irradiar amor más allá de sí mismos … una alegría radiante y una simplicidad del amor más allá de sí mismos para alcanzar a todos aquellos que entran en contacto con ellos.
Ésta es la visión que tenía John Main de la comunidad. La comunidad se hace posible gracias al compromiso que cada uno hacemos, en soledad, con la más profunda relación de nuestras vidas, que es nuestra relación con Dios. Por esta razón, al aprender a amar a los demás vislumbramos un nuevo entendimiento de la unidad de la creación y de la simplicidad básica de la vida. Vemos qué significa decir que el amor cubre una multitud de pecados.
El perdón es el poder más revolucionario y transformador del que somos capaces. Nos enseña que el amor es la dinámica esencial de cada relación, la más íntima, la más antagónica así como la más casual. El mismo carácter ordinario de nuestra meditación diaria nos revela cuán universal es el camino del amor.

Tras la Meditación:
De el Camino de la Luz
de David Adam SPCK 2009, pág. 102. Escrito en Lindisfarne

En el interior de cada elemento de la creación,
en el interior de cada persona,
el Dios que está escondido espera
sorprendernos con su gloria.  

En cada momento de tiempo,
en cada día y hora,
el Dios que está escondido se nos aproxima
llamándonos por nuestro nombre para hacernos suyos.  

En el interior de cada corazón humano,
en nuestro interior más íntimo,
el Dios que está escondido nos toca
para despertarnos y revelarnos su amor.  

Todo, todos, están en el interior de Dios,
todo espacio, todo tiempo y cada persona.
El Dios que está escondido nos pide abrir
nuestros corazones y nuestros ojos a su presencia.  

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Lecturas Semanales

Lectura 28, ciclo 5


“La Crisis Cristiana”
Texto extraído de libro de John Main OSB “El Cristo Actual”. (Nueva York: Crossroad, 1991), págs. 74-76.

La llamada a la persona moderna, la llamada a todos nosotros es a que nos volvamos espirituales, y para volvernos espirituales tenemos que aprender a dejar atrás nuestro yo religioso oficial, es decir, dejar atrás al fariseo que acecha dentro de todos nosotros. Porque, como nos ha dicho Jesús, tenemos que dejar atrás todo nuestro ser. Todas las imágenes de nosotros mismos que provienen del cerebro febril del ego tienen que ser suprimidas y trascendidas si queremos volvernos uno con nosotros mismos, con Dios, con nuestros hermanos, para volvernos verdaderamente humanos, verdaderamente reales; verdaderamente humildes.

Nuestras imágenes de Dios deben desaparecer de manera similar. No debemos ser adoradores de ídolos. Curiosamente, lo que encontramos es que desaparecen a medida que desaparecen nuestras imágenes de nosotros mismos, lo que sugiere aquello que, de algún modo, siempre supusimos, que nuestras imágenes de Dios eran en realidad imágenes de nosotros mismos. En este maravilloso proceso de llegar a la plena luz de la Realidad, de alejarse de la ilusión, un gran silencio emerge desde el centro de nuestro ser. Nos sentimos envueltos en el eterno silencio de Dios. Ya no estamos hablando con Dios o, peor aún, hablando con nosotros mismos. Estamos aprendiendo a ser, a ser con Dios, a ser en Dios.

Para después de la meditación:
Un extracto de Richard Rohr, «Apuntando en la misma dirección», 15/9/2015, Meditaciones diarias de Richard Rohr en el Centro para la Acción y Contemplación.

Los grandes místicos tienden a reconocer que Dios no necesita nuestra protección, ni nuestro perfecto entendimiento. Todas nuestras palabras, dogmas y rituales son como niños jugando en un arenero ante el Misterio y el Asombro Infinitos. Si algo es verdad, entonces siempre ha sido verdad; y las personas que buscan con sinceridad alcanzarán la misma verdad en cada época y en cada cultura. Los diferentes lenguajes, símbolos y rituales señalan la misma dirección. Y esa dirección es siempre hacia más amor y mayor unión y en círculos cada vez más amplios.
Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Lecturas Semanales

Lectura 27, Ciclo 5


 “Queridos Amigos” Texto de Laurence Freeman OSB extraído de la Meditatio Newsletter de octubre de 2017
La palabra «contemplación» esconde la palabra templum o «templo». Hoy lo imaginamos como un edificio religioso pero el significado original no era la estructura física sino el espacio puro en sí mismo antes de que se erigiera el edificio o se llevaran allí mismo a cabo los rituales sagrados. Esta interpretación da un nuevo significado a las palabras de San Pablo: «¿No sabéis que vosotros sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?» (1 Cor 3,16) Así pues, somos espacio,  no sólo contenedores de pensamientos asombrosos e imaginación, circuitos neuronales y biología compleja. Somos el espacio donde habita Dios. Y estamos en relación. Sor Eileen O’Hea tenía una frase conmovedora que siempre recuerdo: “las relaciones son el terreno sagrado de nuestra humanidad”. Hablando existencialmente, no podemos imaginarnos a nosotros mismos sin estar inmersos en una relación en todas las dimensiones: histórica, social, emocional, ecológica y cósmica. Vivimos en una red de seres interrelacionados. Espiritualmente, estamos relacionados con todo, en Cristo, donde todas las cosas se encuentran en unidad. La relación contemplativa significa ir más allá del sentido estrecho de «mis» relaciones, de las que controlamos, poseemos, sentimos celos o defendemos violentamente desde el lado oscuro de Eros. Al contrario, vemos las relaciones como espacios de crecimiento donde aprendemos a ser fieles, a no ser posesivos, a amar con desapego y sin proyección, y a crecer en el autoconocimiento. Las relaciones son espacios (en el sentido del “templum”), no construcciones del ego. No debemos adorar a aquellos con quienes nos relacionamos. Alcanzamos la unión con ellos adorando junto a ellos, en espíritu y en la verdad, en la base divina de toda relación.
Carla Cooper
Traducido por WCCM España