Nos disculpamos por el error anterior. Nuestro correo electrónico es meditacioncristianauy@gmail.com. Allí atenderemos sus consultas en relación a nuestro próximo retiro.

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Me parece fascinante cómo en los últimos años la ciencia cada vez más convalida con rigurosos experimentos lo que aquellos que están en el camino espiritual saben por experiencia personal. En la enseñanza de la semana pasada hablé de la importancia de la comunidad y cómo un grupo de meditación nos apoya en nuestro camino. Que esto es cierto en más de un sentido lo demuestra el siguiente experimento: un grupo de monjas franciscanas estaban conectados a una máquina de ondas cerebrales durante una sesión de oración. Mientras que en un primer momento cada una tenía su propio patrón individual de ondas cerebrales, después de orar juntas por unos 10 minutos, todos los patrones de ondas cerebrales eran idénticos.
La misma resonancia, inevitablemente, también juega un papel importante en nuestros grupos. Los meditadores a menudo me dicen que, sobre todo al principio, les resulta más fácil meditar en un grupo semanal que en casa, solos. El experimento anterior nos da la evidencia objetiva de que nos estamos apoyando y reforzando mutuamente. Por otra parte, estamos por lo tanto, durante el período de meditación, todos en sintonía con la misma longitud de onda – en términos cristianos, la longitud de onda del Espíritu. Ya sabemos que el Espíritu que hay en nuestro más profundo centro unifica nuestro propio ser y nos une a todos, como dice John Main en El Cristo presente: «hasta nuestro propio centro, nuestra conciencia objetivante, se está unificando. Todo esto, el proceso de unificación, es la obra del Espíritu.»
Dado que en nuestra vida ordinaria vivimos desde el ego, sólo vemos la separación, no la unidad fundamental e interconexión. Nos olvidamos de que estamos íntimamente vinculados. La meditación desempeña un papel esencial en el cambio de nuestra conciencia, nuestro prestar atención, de esta manera. Al meditar, al orar juntos, «experimentamos que la condición básica de la humanidad, del hombre y de la mujer, no es la separación, sino la comunión, ser-con, y como Dios es Amor, en la comunión directa «estar con» es «estar enamorado». (El Cristo presente).
¡Qué diferente sería nuestro mundo si todos fuéramos conscientes de nuestra unidad esencial!
En algún nivel sabemos cuánto nos influencian otros – los padres siempre están preocupados por la influencia de los amigos de sus hijos en su pensamiento y conducta; hablamos también de la importancia de los amigos de ideas afines. En un artículo sobre «Pequeños sistemas de neuronas” de Eric Kandel (revista Scientific American) el autor presenta sus conclusiones: “Incluso durante simples experiencias sociales como cuando dos personas hablan entre sí, la acción de la maquinaria neuronal en el cerebro de la persona es capaz de tener un efecto duradero directo y de largo plazo en las conexiones sinápticas modificables en el cerebro de otro».
Lo que descubrimos en el silencio, en el centro de nuestro ser, sobre la base de nuestra experiencia allí, es confiado y amante sentido de la relación, de comunión con los otros; de hecho, el verdadero significado de la fe. Laurence Freeman dice en “First sight, the experience of faith”, su libro más reciente: «la comunidad – como el matrimonio – es el resultado de la fe».
Escrito por: Kim Nataraja
Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.
Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo

(FOTO: LAURENCE FREEMAN, BONNEVAUX, FRANCE)
En la Philokalia, una colección de enseñanzas de los primeros padres de la Iglesia en la tradición oriental, Diadochos de Photike tiene un maravilloso trabajo llamado Sobre el Conocimiento Espiritual. Y habla de esta paradoja de hablar sobre el silencio, hablar de algo sobre lo cual no es posible hablar. Dice que ‘la persona no Iluminada no debe embarcarse en la especulación espiritual’. Así que la persona no iluminada no debería hablar de ello. ‘Ni nadie, por otra parte, debería tratar de hablar mientras la luz del Espíritu Santo está brillando abundamente sobre él’. Así que si no estás iluminado no hables de ello, y si estás iluminado, no querrás hablar de ello. Quien sabe no habla, quien habla no sabe. He ahí una paradoja. En realidad es un camino hacia la comprensión de algo importante para nuestro trabajo como comunidad para la meditación Cristiana. Él trata esta paradoja muy sutilmente y muy brillantemente al decir:
Pues donde hay vacío, también se encuentra la ignorancia. Pero donde hay riqueza de espíritu no es posible el habla. En esos momentos el alma está embriagada del amor de Dios. Y con la voz silenciada se deleita en la gloria de Dios.
(Finding Oneself 2, Series Meditatio 2017D, Laurence Freeman OSB )