Bonnevaux, Noticias de la Comunidad

Grabaciones del John Main Seminar 2021, Comunidad de Amor.

Queridos compañeros de viaje,

Les adjuntamos un link con cinco videos de las presentaciones que tuvieron lugar durante el seminario de John Main el pasado 4 de septiembre. Fue una verdadera fiesta para nuestra comunidad el poder celebrar juntos los 30 años de camino difundiendo la meditación cristiana. Las charlas están traducidas al español. En la primera presentación encontrarán las palabras iniciales del propio Padre Laurence.

Las grabaciones en español están aquí. La contraseña es jms21sp

¡Paz!

Noticias de la Comunidad, P. Laurence Freeman OSB

Charla para Jóvenes Adultos con Laurence Freeman – 17 de julio

ACTIVIDAD SIN COSTO PARA PERSONAS DE 18 A 40 AÑOS.

REGISTRO GRATUITO:  https://wccm.org/la-vida-sabia-y-la-alegria-de-la-conexion-registro-gratuito/

Para unirse al grupo de jóvenes meditadores del WCCM (de 18 a 40 años) en Whatsapp: https://chat.whatsapp.com/CC41lVgBeZVGBcOyAkd2LW

Noticias de la Comunidad

Encuentro del P. Laurence con la comunidad en Uruguay: nueva Coordinación Nacional.

Este martes 6 de abril tuvimos un encuentro especial con el P. Laurence Freeman y la Coordinadora Internacional, Kath Houston. El P. Laurence nos habló sobre la Comunidad en el mundo y en el Uruguay y sobre su importante rol de difundir la oración contemplativa en esta noche oscura que atraviesa el mundo.

También anunció cambios en la Coordinación Nacional. Luego de 10 años de servicio en este cargo, Philippe Sauval se retira, designándose a Carina Conte en este rol. Tanto el P. Laurence como Kath y los meditadores que participaron fueron profusos en el reconocimiento del formidable trabajo realizado por Philippe. Toda la comunidad agradece su entrega generosa. Philippe continuará trabajando activamente con nosotros dese el Comité Ejecutivo Nacional y en estrecha relación con los grupos.

Carina, por su parte, expresó su gratitud al P. Laurence, a Philippe y a toda la comunidad por la invitación a colaborar desde este lugar y su confianza en que será el Espíritu Santo quien guiará los pasos que la comunidad deba dar en el futuro. Destacó como valores a honrar en su trabajo la fidelidad a las enseñanzas del P. John Main y de la WCCM, la colaboración y el trabajo en equipo, así como la apertura y la escucha. 

La nueva coordinadora invitó a cada integrante de la comunidad a reflexionar en torno a dos preguntas: ¿qué significa para mí la comunidad? y ¿quién quiero ser yo para la comunidad?

Es una invitación a cada uno a acercarse para aportar sus dones personales y su luz única.

¡Que el Señor resucitado renueve la fuerza de nuestra comunidad nacional en su Amor!

Lecturas Semanales

Enseñanzas Semanales 5.07.20

comunidad

 

Me parece fascinante cómo en los últimos años la ciencia cada vez más convalida con rigurosos experimentos lo que aquellos que están en el camino espiritual saben por experiencia personal. En la enseñanza de la semana pasada hablé de la importancia de la comunidad y cómo un grupo de meditación nos apoya en nuestro camino. Que esto es cierto en más de un sentido lo demuestra el siguiente experimento: un grupo de monjas franciscanas estaban conectados a una máquina de ondas cerebrales durante una sesión de oración. Mientras que en un primer momento cada una tenía su propio patrón individual de ondas cerebrales, después de orar juntas por unos 10 minutos, todos los patrones de ondas cerebrales eran idénticos.

 

La misma resonancia, inevitablemente, también juega un papel importante en nuestros grupos. Los meditadores a menudo me dicen que, sobre todo al principio, les resulta más fácil meditar en un grupo semanal que en casa, solos. El experimento anterior nos da la evidencia objetiva de que nos estamos apoyando y reforzando mutuamente. Por otra parte, estamos por lo tanto, durante el período de meditación, todos en sintonía con la misma longitud de onda – en términos cristianos, la longitud de onda del Espíritu. Ya sabemos que el Espíritu que hay en nuestro más profundo centro unifica nuestro propio ser y nos une a todos, como dice John Main en El Cristo presente: «hasta nuestro propio centro, nuestra conciencia objetivante, se está unificando. Todo esto, el proceso de unificación, es la obra del Espíritu.»

 

Dado que en nuestra vida ordinaria vivimos desde el ego, sólo vemos la separación, no la unidad fundamental e interconexión. Nos olvidamos de que estamos íntimamente vinculados. La meditación desempeña un papel esencial en el cambio de nuestra conciencia, nuestro prestar atención, de esta manera. Al meditar, al orar juntos, «experimentamos que la condición básica de la humanidad, del hombre y de la mujer, no es la separación, sino la comunión, ser-con, y como Dios es Amor, en la comunión directa «estar con» es «estar enamorado». (El Cristo presente).

 

¡Qué diferente sería nuestro mundo si todos fuéramos conscientes de nuestra unidad esencial!

En algún nivel sabemos cuánto nos influencian otros – los padres siempre están preocupados por la influencia de los amigos de sus hijos en su pensamiento y conducta; hablamos también de la importancia de los amigos de ideas afines. En un artículo sobre «Pequeños sistemas de neuronas” de Eric Kandel (revista Scientific American) el autor presenta sus conclusiones: “Incluso durante simples experiencias sociales como cuando dos personas hablan entre sí, la acción de la maquinaria neuronal en el cerebro de la persona es capaz de tener un efecto duradero directo y de largo plazo en las conexiones sinápticas modificables en el cerebro de otro».

 

Lo que descubrimos en el silencio, en el centro de nuestro ser, sobre la base de nuestra experiencia allí, es confiado y amante sentido de la relación, de comunión con los otros; de hecho, el verdadero significado de la fe. Laurence Freeman dice en “First sight, the experience of faith”, su libro más reciente: «la comunidad – como el matrimonio – es el resultado de la fe».

 

Escrito por: Kim Nataraja

Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.

Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo

www.meditacioncristiana.net

P. Laurence Freeman OSB

Martes de Semana Santa, 2020.

El evangelio de hoy (Jn 13:21-33,36-38) es muy extraño. Es un momento misterioso del relato que nos está ocupando esta semana, un relato en el que debemos ser capaces de encontrarnos. Si no podemos hacerlo, si no podemos encontrarnos en este relato, tampoco encontraremos a Jesús. 

Está cenando y ‘se turbó en su interior’. No está enfrentando el fin de su vida con un estoico desapego. Pero tampoco entra en pánico. Filosóficamente, la muerte es algo que podemos objetivar, distanciándola de nosotros. Está allá, afuera, es algo que afecta a otros. Pero, justo como la crisis presente nos ha demostrado, no está ahí afuera. Ahora o más tarde, viene por todos nosotros. Será mejor estar preparados y ¿qué mejor manera que practicar el morir? Un camino espiritual no nos aísla en una seguridad falsamente alejada del dato duro de nuestra mortalidad. Jesús tembló ante ello. Pero la oración profunda nos muestra lo que la muerte, esa gran incógnita, es en realidad. La meditación, creámoslo o no, es oración profunda.

Podemos entrever la mente de Jesús cada vez que vemos, en nosotros, la manera en la que la meditación nos hace a la vez más sensibles y vulnerables al sufrimiento; liberándonos a la vez del instinto de lastimar a aquellos que nos han herido. El sufrimiento se presenta de muchas maneras: en este momento del relato es el dolor más descarnado de una traición íntima, la muerte del amor.

Jesús le dice directamente a sus discípulos que uno de ellos habrá de traicionarlo. Se quedan desconcertados y comienzan a murmurar entre ellos preguntándose quién podrá ser. Pedro le pide a Juan, el discípulo más cercano, que estaba reclinado junto a él, que le pregunte quién será. Jesús acepta, como amigo íntimo comparte todo. Le da un pedazo de pan a Judas para significar que es aquel cuyo nombre quedará por siempre maldito en la historia después de esta noche.

En ese instante ‘Satanás entró en Judas’. Esta es una inversión obscura de lo que debería suceder. El pan que Jesús comparte con Judas es el  mismo con el que Jesús se identifica: ‘este es mi cuerpo’. Al dar el pan, se da a sí mismo, como cada cristiano que celebra la Eucaristía siente de alguna manera. Pero ¿Satanás? De súbito esto se vuelve como una misa negra, del tipo que las sectas satánicas celebran. No el recibir la sagrada comunión, sino la blasfemia, la liberación de la perversa obscuridad de la auto destrucción.

El corazón humano es bueno, divino. La gente se vuelve al otro como los 600,000 en Inglaterra que en 24 horas se ofrecieron a ayudar a otros durante la crisis. Pero también hay un corazón de tinieblas con el que tratar. Quedan jirones de estas tinieblas en cada uno de nosotros. En los seres humanos, aun entre aquellos que comparten su intimidad, las tinieblas pueden convertirse en algo personal y consciente: la persona que tosió en los rostros de la policía que les avisaba que estaban rompiendo las reglas de distanciamiento social; el pedófilo que prepara a sus víctimas; el asesino serial; la persona adicta; aquellos que han sido corrompidos por el poder o el dinero.

Esas tinieblas esperan, inconsciente e impersonalmente, en los miles de millones de virus del Covid-19 que podrían caber en el espacio que ocupa este punto y aparte.

No sabemos mucho acerca del virus ni tampoco por qué Judas traicionó a su maestro y amigo. Las tinieblas son obscuras. El evangelio anuncia que cuando Judas se levantó de la mesa para ir a traicionar a Jesús, ‘la noche cayó’.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México