P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence, lunes de la segunda semana de Cuaresma 2021


Evangelio: Sé compasivo como tu Padre es compasivo Lucas 6:36-38.

En el último discurso de Martin Luther King, antes de que fuera asesinado, dijo “Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios. Y él me ha permitido ir a la montaña. Y he visto la Tierra Prometida. Estoy muy feliz esta noche. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre” MLK estaba empapado del mito fundacional de la Biblia, el Éxodo. Como todos los grandes maestros de la tradición cristiana, el lenguaje y las imágenes de la Biblia inundaron su forma de pensar y de expresarse, ciertamente de entenderse a sí mismo. ¿Cuál era la Tierra Prometida que él vio y que nosotros, viviendo del significado interior del Éxodo en nuestra Cuaresma, podemos reconocerlo como el propósito que nos mantiene andando?

Moisés vio esta tierra desde lejos pero nunca entró en ella. La historia bíblica dice que esto se debió a que dudó de Dios en algún punto en su viaje, lo cual parece un poco difícil dado todo lo que tuvo que soportar. Prefiero pensarlo como un indicador de lo que significa la Tierra Prometida: no como un lugar, un destino o el cumplimiento de un plan sino el viaje en sí mismo.

En la Era Axial, (8vo al 3er siglo a.C., el tiempo del gran despertar de los Upanishads, el Buda, Platón, los Profetas Hebreos) la humanidad empezó a pensar de sí misma teniendo un destino o una realización más allá de los ciclos de la naturaleza y su propia sobrevivencia. Fue el gran salto hacia el interior. Moksha, Nirvana, Tierra Pura, Paraíso, Janna, son expresiones diferentes de este descubrimiento y la nueva esperanza que despertó en el propósito de la vida.

Sin embargo, debe decirse, también fue una gran disrupción y como todas las grandes luces también emite sombras. ¿Qué tal si fallo en entrar al cielo? ¿Qué tal si caigo en sufrimiento eterno, en el otro lugar?  De alguna forma fue como la segunda pérdida de la inocencia, otra caída que ha precedido un gran salto hacia adelante. 

El Reino de los Cielos en las enseñanzas de Jesús explícitamente no está reductible a un lugar o utopía terrestre: “Tú no puedes decir ´mira ahí está o está allí´…” La religión sin una conciencia contemplativa insiste en pensar en términos de recompensa y castigo. Pero Gregorio de Nisa, típico de la visión mística general, la ve como un devenir sin fin, la continuación de una participación más completa de la naturaleza de Dios quien es infinitamente sencillo. Esta es la gran contribución a la comprensión cristiana. Existen un sinfín de grados de cielo, no hay final a la cantidad de cuartos en el Hotel Paraíso. La perfección, como la belleza, la verdad y la bondad, no tiene términos. 

John Main dijo de la meditación que lo importante es solo saber que estamos “en el camino,” Preguntar “dónde estoy, cuánto tiempo va a tomar, ya estoy ahí…” es perderse la gran verdad de que el Reino está adentro de nosotros y entre nosotros (“a la mano” como dijo Jesús). ¿Cuáles son los indicadores de esto? Veremos algunos mañana. Pero en el evangelio de hoy nos señala uno esencial – que nos estamos volviendo como Dios en nuestra compasión y amor por los demás en nuestro viaje humano y que esto está reflejado en ser menos críticos y divisivos. La Tierra Prometida está al alcance de la mano. 

Traducción: WCCM México

Enseñanzas Semanales

La puerta estrecha

la puerta estrecha enseñanzas semanales

«La puerta que conduce a la vida es pequeña y el camino es estrecho, dijo Jesús. Es estrecha, porque es el producto de la concentración, el enfoque de todo nuestro ser, todas nuestras energías y facultades en un solo punto», dice John Main en De la palabra al silencio. Nos centramos en nuestra palabra-oración, nuestro mantra, y dejamos todo atrás, nuestra ensoñación, nuestras imágenes, nuestros pensamientos, incluso nuestros sistemas de creencias y dogmas cristianos. Pero todos sabemos que es fácil decir: “Di tu palabra», pero que no es tan fácil de hacer. Es muy agradable sentarse y seguir nuestros pensamientos y fantasías, lo cual no requiere esfuerzo alguno, porque nuestro cerebro está en su modo de funcionamiento habitual; todavía se puede relajar en su propio camino. Realmente es «la puerta amplia y la forma fácil que llevan a la perdición».

Somos conscientes de la facilidad de este camino, pero ¿por qué conduce a la destrucción? Porque de esa forma siempre vamos a permanecer en la superficie y nunca descubriremos la totalidad de nuestro ser que es, en gran parte de nuestro ser espiritual, nuestra conexión con lo Divino. Es nuestra fe, nuestra confianza, que crece con la experiencia de cada sesión de meditación la que nos anima a hacer el esfuerzo de prestar atención plena y amorosa a nuestra palabra oración. Se nos dice que nos lleva a nuestro centro, en el que el Espíritu de Cristo mora en nosotros, pero tenemos que considerar que en la confianza, es un salto hacia lo desconocido.

Si nos atrevemos, será dirigido por repetir el mantra «en una experiencia de libertad que reina en el centro de nuestro ser… porque nos ayuda a tener la mente enfocada fuera de nosotros mismos» (De la palabra al silencio).

La libertad viene de ser liberados de todas nuestras estructuras de pensamiento, de todos nuestros miedos y deseos, de nuestra necesidad de ser bien vistos, de nuestra necesidad de ajustarnos a lo que otras personas y nuestra sociedad esperan de nosotros.

Es maravilloso que se vayan todos esos pensamientos que giran en nuestra mente, todos ellos de una manera u otra tienen que ver con nuestra auto-preservación.

Una vez más estamos situados aquí en lo contracultural. La última cosa que nuestra cultura se anima es a «salir de sí mismo, dejando de lado al yo». Nuestra sociedad fomenta al ego a tener un firme control de la mente. Se hace hincapié en la autopromoción y la auto-presentación para asegurar no sólo sobrevivir, sino hacerlo mejor que nadie, con la presunta recompensa del poder y la autoestima.

«Dejar detrás de sí al yo» en la vida y la meditación es un concepto que algunas personas ven como una excusa para el abandono, presumiblemente realizado porque creemos que no somos lo suficientemente buenos para sobrevivir en la carrera de ratas. Sin embargo, John Main continúa  señalando en De la palabra al silencio, que la meditación no está huyendo de nada, no hay en ella ningún intento de eludir la responsabilidad de nuestro propio ser o la responsabilidad de nuestra vida y nuestras relaciones.

Estamos en efecto, dejando temporalmente nuestra consciencia de nosotros mismos, nuestro ego con todos sus deseos y necesidades de supervivencia. Pero eso nos permite descubrir en el silencio la totalidad de nuestro ser y de su centro, nuestro verdadero ser. De este modo permitimos que esta parte esencial de nuestro ser espiritual penetre e influya en la superficie de nuestro ser, en nuestro ego, a través de su don de darnos la verdadera idea de la situación donde nos encontramos y su sabiduría. De hecho, aceptamos más profundamente con sabiduría y entendimiento «la responsabilidad de nuestro propio ser o la responsabilidad de nuestra vida y las relaciones».

 

Escrito por: Kim Nataraja

Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.

Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Domingo de Ramos

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 Hoy en misa leemos toda la historia de la Pasión, desde la Última Cena hasta Jesús entregando su espíritu en la Cruz. La mayoría de los que leyeron la frase anterior sabrán a qué me refiero. Tengamos en cuenta a toda la generación que nos rodea, que no tiene la más mínima idea acerca de lo que estoy hablando.

           Sin embargo, todos nosotros hemos conocido o conoceremos lo que significa sufrir la pérdida de alguien a quien queremos profundamente y lo que implica vivir con su nueva y extraña ausencia sin fin. Esta mañana hablé con una amiga cuyo padre murió repentinamente de un ataque al corazón. Ella y su madre, que se unió a nosotros por WhatsApp, habían sido transportadas a un mundo diferente durante los pocos minutos que tardó su amado padre y marido en morir. Hay muy pocas palabras que se le pueden decir a alguien que acaba de entrar en duelo. Es más fácil hablar de misterios cósmicos que de pérdidas personales. De todos modos, en tiempos en que la vida se ha trastocado y se ha dado vuelta, la presencia atenta y cariñosa nos preserva del colapso o la locura.

            A medida que vemos el profundo alcance y la influencia de esta súbita pandemia, y cómo ha detenido al mundo tan repentinamente, provocando estremecedoras conmociones en cada aspecto de nuestras vidas, jamás ha sido tan preciada la necesidad de conexión. En Bonneveaux nos sostiene el ritmo regular de nuestra vida diaria, de meditación, trabajo, lectura, conversación y amistad, mientras intentamos compartir el regalo de la práctica espiritual con otras personas alrededor del mundo, a través de eventos en línea y mensajes. Esta mañana me encontré meditando con la planta de trabajadores de DPA Architects de Singapur – quienes supervisan la remodelación de Bonneveaux – que estaban en sus oficinas alrededor del mundo, desde Shanghai hasta Londres. Por otra parte, la web del programa Un Camino Contemplativo estará disponible en línea en poco tiempo.

            En nuestro nuevo mundo, desacelerado y cerrado, la manera en que oscilamos entre lo local y lo global nunca había sido más evidente. Ya sea navegando por internet, o hablando por internet, al entrar en el cuarto de al lado, o al salir al jardín, sentimos cómo somos criaturas que existimos porque estamos conectados, buscamos la conexión, o lamentamos conexiones perdidas. No solo de pan vivimos, sino de presencia.

            Perder de repente lo que nos hace florecer nos quita el aliento. Porque duele, podemos llegar a pensar que hicimos algo para merecerlo; o podemos sentir que fuimos tomados por una fuerza alienígena. También nos sentimos desilusionados porque habíamos dado por sentado que las cosas continuarían como estaban, tanto tiempo como nosotros necesitáramos. No debemos sentirnos culpables por tener estos sentimientos. Es extraño, pero en algún momento tendrá cierto sentido.

            Pero entonces aparece la banalidad del dolor. El carácter repentino de la pérdida es melodramático. Pero los clímax se ralentizan hasta llegar a rutinas que conviven con la pérdida, con movimientos más lentos, con un dolor sordo. Este es el momento en que más necesitamos un sendero, una práctica que nos de esperanza al experimentar la conexión con una primavera eterna en nuestro interior. Este es el amanecer de la era de la Resurrección.

            Este es el significado de la Semana Santa (aunque sepas o no sepas lo que es la Semana Santa) que empezamos hoy. Aquí en Bonneveaux estaremos felices de compartirla contigo por internet, día a día, conectados. (www.wccm.org – en español, www.meditacioncristiana.net).

Laurence Freeman O.S.B

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: miércoles de la tercera semana de Cuaresma.

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En la última guerra, mientras Inglaterra esperaba ser invadida como lo habían sido otros países europeos, el gobierno tomó medidas para dificultar al enemigo las cosas para cuando llegaran. Utilizaron el camuflaje en las instalaciones costeras, crearon una Guardia Nacional de ancianos y niños con rifles anticuados, de los que los ingleses de hoy en día todavía sienten nostalgia; y quitaron todas las señales de tránsito.

Es curioso que el poderoso ejército alemán se haya visto seriamente obstaculizado por no saber si girar a la derecha o a la izquierda ante un cruce de la campiña inglesa.

Cuando leí sobre esto, pensé que reflejaba el sentimiento que tenemos en todo camino de fe – como comenzar un matrimonio, comenzar una nueva comunidad, terminar de escribir un libro o educar a nuestros hijos. Todos estos son caminos en los que la fe, el compromiso personal y la confianza, deben profundizarse en cada momento. Y es así, que a menudo no encontramos señales que nos indiquen claramente que estamos en el camino correcto o qué rumbo correcto tomaremos. A veces las señales están ahí, pero no son muy útiles: como la vez que mi capacidad de decidir pareció paralizarse. Estaba conduciendo desde la isla de Bere a Cork. Llegué a una bifurcación del camino. Había una señal. Pero en un lado indicaba a la izquierda diciendo «Cork» y en el otro a la derecha diciendo «Cork».

En el ámbito espiritual, el camino en sí mismo lo es todo. Cuanto más profundamente nos adentramos en el silencio y dejamos ir las palabras, los pensamientos y la imaginación, como hacemos con el mantra, hay menos signos convencionalmente tranquilizadores. Simplemente está el camino, la forma en que estamos caminando. Y andando, damos el siguiente paso. Al principio, protestamos por la ausencia de garantías y la reconfirmación de nuestra dirección. Nuestros sentidos de dirección y confianza están cuestionados o son confusos.

Lentamente nos damos cuenta de que el camino en sí mismo es la garantía. Aparece una sensación de alivio de que hay un camino, a través de la selva, a través del laberinto de opciones que abruman a la gente hoy en día. Lo hemos encontrado. Existe una gran diferencia que cambia la vida cuando nos damos cuenta de que estamos en camino. Podemos sentir, también, que él nos ha encontrado, porque hay una sensación, que viene del propio camino, de que estamos siendo conducidos por una conexión directa e íntima con él. Nos conoce mejor de lo que nosotros lo conocemos. La conexión es simplemente el hecho de que estamos recorriendo el camino, siempre dando el siguiente paso. Tú no me elegiste a mí, yo te elegí a ti… yo soy el Camino. Este sentido pertenece únicamente a la dimensión espiritual. Este nos permite seguir aquellos tramos del camino que no tienen ninguna señal.

Todo esto puede sonar raro y poco práctico. La señal que es real se lee en la vida cotidiana, en los caminos paralelos de la acción y en la toma de decisión. En los asuntos materiales hay decisiones difíciles de tomar con insuficiencia de tiempo o de información. La fe de nuestro viaje interior es sorprendentemente útil aquí. No entramos en pánico, cuando hay que esperar y soportarlo. Cuando tomamos una decisión tenemos más claridad y hacemos la mejor elección que podemos. Confiamos. Si resulta que nos equivocamos, nos ajustamos a una dirección otra vez.

Si somos fieles en los asuntos profundos del viaje interior también seremos más fieles en los asuntos materiales de la vida.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo de la Fuente, WCCM Argentina

 

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: viernes de la primera semana de Cuaresma.

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Los adultos que sobreviven el abuso infantil suelen contar que desarrollan un mecanismo de supervivencia para hacer frente a la situación cuando el abuso recurrente está a punto de repetirse. Escuchar los pasos por el pasillo y una puerta que se abría pronto les causaría la separación de su cuerpo, pues esta separación les permitía enfrentar el terror, el asco y la vergüenza. Imaginar que flotaban en un rincón del techo, y que miraban hacia abajo para ver lo que le pasaba a alguien que no era realmente ellos era su única forma de escapar.

En ese entonces funcionaba, pero la solución se convirtió en un problema más adelante cuando se dieron cuenta de que ahora no se sentían reales y de que nunca se personificaron con aquellos con quienes se relacionaban. El miedo, la distancia, un irracional e inquebrantable sentimiento de autoenajenación los acompañaron y causaron estragos en todos los aspectos de sus vidas.

Ahora se reconoce ampliamente la crueldad con la que el abuso en la infancia influye y distorsiona la vida futura, después de milenios de creer que los niños simplemente lo superaban a medida que crecían. La retorcida percepción de uno mismo como víctima culpable en las situaciones cotidianas, arrebata las alegrías y maravillas ordinarias de la aventura de la vida en cada uno de sus capítulos.

Con todo, en el corazón de esa aventura está el proceso de curación. Dentro de él, la gracia llega de manera impredecible, a menudo cuando la situación está a punto de volverse intolerable. La gracia puede manifestarse en una conversación que se oye por casualidad, una palabra que se deja caer en el silencio, una mirada, un libro, un almendro en flor temprana contrarrestado por la luz del sol en un frío día de primavera. O en una persona. La gracia no usa la fuerza, aunque es poderosa. No erosiona más nuestra ya limitada libertad, aunque es, gradualmente, irresistible. Cuando la rechazamos porque nos expone un dolor que preferimos reprimir, recuerdos que no podemos llamar plenamente a la conciencia, la gracia no se ofende ni nos desprecia. Expresa un amor mucho más profundo que eso.

En el desierto de nuestro corazón, «donde comienza la fuente de la curación», la gracia brota, traspasa las capas más densas del dolor y del miedo a la realidad. Todo lo que nos pueda llevar a este desierto, donde ocurren los verdaderos encuentros, es sagrado. Para la persona que medita esta simple entrada en el desierto es un descubrimiento incesante y siempre inquietante. Se inicia un largo proceso de abandono y una reevaluación transformadora de todo el mapa de nuestra vida que hayamos construido.

Por supuesto, los frutos de la meditación nos guían a las otras fuentes de gracia y curación que necesitamos: el lugar seguro donde se puede compartir la vergüenza, la sensación de que las personas que, a pesar de su propia debilidad, pueden canalizar una intimidad que parecía perdida para siempre, de que el salvador con el que fantaseaban no existe. Pero el salvador que te conoce y ha conocido tu propio dolor, te está moviendo suavemente hacia una nueva vida.

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)